Humanismo y odontología
Recientemente hemos podido asistir atónitos al cierre en toda España de la red de clínicas Idental. Desgraciadamente, una gota más que va colmando el vaso de nuestra profesión (Funnydent, Vitaldent...).
Unido al desastre económico de dicho cierre se encuentra indefectiblemente el desastre humano que hay detrás de todas estas clínicas: pacientes que han depositado toda su confianza y en algunos casos todos sus ahorros para poder solucionar algún problema dental, sencillamente para poder comer tranquilamente sin pensar en la dentadura, y, en otros casos, reponer piezas perdidas y así encontrar un trabajo. Puede sonar duro, pero por mal que suene, el drama no dista tanto de la realidad, a juzgar por lo publicado últimamente en los diarios: tratamientos de implantes a medio realizar, tratamientos de ortodoncia inconclusos o sin empezar... A día de hoy, estos pacientes se encuentran sin su dentista "de confianza" al que acudir, con una deuda con el banco por pagar y en algunos casos por terminar un tratamiento que alguien tendrá que asumir desde el punto de vista económico y desde el punto de vista clínico.
La palabra dentista, desgraciadamente, se está asociando en los últimos años a prácticas empresariales agresivas al más puro estilo del Lobo de Wall Street, y creo que se deben derribar entre todos estas creencias: desde los colegios profesionales con la necesaria ayuda de la Administración, dando más información y denunciando irregularidades (cosa que ya se está haciendo), persiguiendo toda práctica fraudulenta o poco ética que pueda dañar la imagen de la profesión y ejerciendo mecanismos de control más exigentes de cara a la publicidad sanitaria y así evitar la letra pequeña que pueda llevar a engaños.
Los colegios profesionales y la Administración son los órganos visibles que encauzan toda la burocracia, pero necesitan de la necesaria colaboración de todos y cada uno de los dentistas. Y es por ello que nuestro colectivo debe "refundar" la odontología de calidad, sin prisas y centrando toda nuestra atención en el cuidado de nuestros pacientes. Es por ello que tenemos que reivindicar la odontología clásica. Aquélla en la que tratamos pacientes, no clientes; aquélla en la que los principios de empatía y el “primum non nocere” deben de guiarnos en nuestro día a día. Y también debemos de reivindicar la bata blanca, no como la prenda distintiva en las ciencias de la salud, sino como símbolo de la humanidad necesaria en una persona que tiene en sus manos la posibilidad y el conocimiento para solventar las enfermedades de la boca y los dientes de sus pacientes.
Estoy convencido que todos estos sucesos recientes van a suponer una catarsis en el colectivo y la sociedad en general que nos hará crecer y mejorar como profesionales más humanistas y humanizados.
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