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Conchita Lozano, in memoriam

2 de Julio del 2018 - Ana María Suárez Guerra (Aviles)

La historia nos recuerda que para que algo en lo que crees avance y se consolide debe hacerse con la fuerza que da la convicción. Con la constancia, con la certeza. Incluso con la lucha.

Fueron otros tiempos. Tiempos de cofia y de armadura (o de mandil), de relaciones profesionales diferentes, menos equilibradas y de diferencias de rango. Incluso tiempos en las que las mujeres debían empujar continuas piedras de Sísifo para demostrar su valía.

Tiempos de tránsito para la profesión enfermera. En los 70 y 80 no había directoras enfermeras, había jefas. Era otra distinción. Conchita era Jefa. Posicionada. Una jefa de las que no se callaba con nadie. Era “maternalista” porque la época lo pedía o porque todas éramos muy jóvenes.

Yo empecé a trabajar en el Hospital San Agustín recién estrenados los 90. Ya era otra época, también lejana. Porque en cualquier ciencia las cosas cambian a ritmo de vértigo. Y en la ciencia del cuidado también. Ahora somos muchas las que continuamos allí y conocimos a Conchita en el despacho de la cuarta. Con su particular forma de ver las cosas y de contarlas. Con esa fuerza innata que sólo da un carácter recio, íntegro y convencido de los objetivos que da la buena atención al paciente. Una fuerza que continuó teniendo cuando supo ceder espacio y dedicarse a otras funciones estratégicas, dirigidas a conseguir el máximo confort del paciente en ese momento tan difícil como es la entrada en un hospital.

Siempre agradeceré su apoyo al llegar a la Dirección. Se alegró. Me habló de la lealtad, de la integridad, del idealismo. Supo ver la necesidad de progreso y de tener otros puntos de vista. Sabía que la enfermería tenía un espacio de futuro donde la profesión alcanzaría el rango que merece. Sabía de la necesidad de plantear relaciones profesionales horizontales y del valor del equipo. Y nunca dejó de decirlo.

Hacer futuro es cosa de todos. Conchita Lozano lo tenía claro. Por eso lo hizo, por eso lo contó y por eso fue valiente para caminar. Igual que lo fue para enfocar el final.

Te has ido entre conversaciones empezadas, porque nadie esperaba que el vértigo acompañara el final. Pero en ese tránsito austero, sin lugar a dudas, dejaste huella.

Un abrazo, compañera.

Ana María Suárez Guerra, directora de Enfermería del área sanitaria de Avilés, Avilés

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