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El BCPCEOM de la capilla de los Vigiles

24 de Octubre del 2018 - Agustín Hevia Ballina

Seguramente que en tus visitas a la Catedral te has asomado a la capilla de los Vigiles o capilla de la Anunciación o también, si te acerca más a su realidad intrínseca, capilla del Bautismo de Cristo.

Sea de ello lo que fuere, hoy quisiera ayudarte a desentrañar algunos aspectos, con que clarificar los rasgos fundamentales de su Historia. Te encuentras con esta capilla, siguiendo la sucesión siguiente, entrando por la izquierda o lado del Evangelio: 1).- Santa Eulalia, 2).- San Juan Bautista o Inmaculada Concepción o del Arcediano de Benavente Juan Arias de Villar, 3).- Asunción de la Virgen o de Lope García de Tineo, 4).- Anunciación, y 5).- Capilla de Belén. Para tu contemplación de hoy, resáltate bien la que hace el número cuatro.

Ocupó esta capilla el lugar donde se hallaba la capilla de los Santos Mártires Fabián y Sebastián. El cabildo tuvo a bien acceder a la petición vehemente del canónigo Juan Vigil de Quiñones, aceptando que se le diere la capilla de San Fabián y San Sebastián, para su enterramiento y para fundar en ella capellanías, con que dignificar el culto catedralicio. Fue fundada, en efecto, esta capilla la más sencilla y esbelta de las del complejo catedralicio, por el Arcediano de Ribadeo, dignidad de nuestra Catedral, don Juan Vigil de Quiñones (1557-1627), cuyos escudos familiares resaltan en el coronamiento del retablo y en la hermosa verja que delimita el espacio de la capilla. El Arcediano fue elevado a la Sede de Valladolid y, más tarde, a la de Segovia, donde murió, siendo sus restos mortales trasladados a Oviedo, donde serían depositados en la capilla por él fundada. La capilla es del más puro estilo barroco-herreriano. Se halla coronada por un linterna, que fue aumentada, para conseguir más luz, en 1880, por el maestro valenciano Antonio Guash, que, a la sazón, restauraba el retablo mayor de la Catedral.

El retablo de la capilla es obra de Luis Fernández de la Vega, el escultor de Llantones, quien lo concibió en dos cuadros: en el inferior, la Anunciación de la Virgen María. En el cuadro superior se representa el “Bautismo de Jesús por Juan el Bautista”. Sobre el banco, en el centro como puerta del sagrario, Cristo Salvador. A la izquierda, el Nacimiento de Jesús y la Adoración de los pastores. A la derecha, La Adoración de los Magos y la Circuncisión.

A la izquierda de la capilla, en actitud orante, se halla representado el fundador, obra del escultor asturiano Luis Fernández de la Vega, con este epitafio, que resume su historia: “El Ilmo. señor D. Juan Vigil de Quiñones, de buena memoria, Archidiano de Rivadeo, en esta Santa Iglesia Colegial de S.S, Ynquisidor de la Suprema, Obispo de Valladolid y Segovia, fundador de esta Capilla y quatro Capellanes y quatro aniversarias solemnes y el hi(m)no de la Octava del Corpus. Una misa cada día en el Ricasto, con quatro reales de limosna y cien ducados de renta cada año a la fabrica de esta Santa Yglesia, sin otras memorias que dejó en las Yglesias de Valladolid y Segovia. Falleció a los setenta años de su edad, primero de Septiembre” (1627).

Hasta aquí, lo que te cuentan todas las guías. Pero ahora voy a atraer tu atención hacia el frontal de damasco, con bordados con hilo de plata y de oro, que cubre el frente del altar. Quizá pueda retraerse su bordado al siglo XIX. Fíjate en el motivo central: aparentemente podrías quedarte con una típica representación del “Agnus Dei”. Sin embargo, es un bordado en plata y oro del “Cordero de Dios”, pero con unas peculiaridades singulares:

El “Agnus Dei”, el Cordero de Dios, está recostado sobre el libro del Apocalipsis o de los siete sellos, donde se escriben los misterios de Dios, cada uno de ellos llevando en un sello pendente una letra que corresponde a cada uno de los siete sellos de la Nueva Alianza: BCPCEOM, el famoso criptograma que voy a ayudarte a interpretar. El Apocalipsis te narra la apertura de los siete sellos o los siete jinetes del Apocalipsis y te expresa que bajo ellos se encierran los misterios de Yahvé, cuyo nombre, en caracteres hebreos, se te ofrece por encima del cordero: Yahwe. En hebreo se escribe de derecha a izquierda y no como nosotros.

Primer sello del apocalipsis: un jinete sobre un caballo blanco. La albura constituye el elemento a destacar. En la Nueva Alianza, el primer sello empieza por B y es, como supones, el Bautismo, de que resalta la blancura de las túnicas de los bautizados en Cristo. El segundo sello lleva colgado la letra C. Correspondería al caballo alazán, que simboliza la fuerza y que te conduce al segundo de los Sacramentos: la Confirmación que confiere fuerzas al cristiano para hacer la confesión de su fe, robustecida por el Sacramento. El tercero exhibe la letra P, y se representaría en el Libro del Apocalipsis por un caballo negro, el color del pecado, que se perdona en la Penitencia y devuelve a la inocencia bautismal. El cuarto sello, signado ahora con la letra C, se refiere a la denominación “Comunión”, que es como el Catecismo del Padre Astete denomina a la Eucaristía. En este cuarto sello se dejó libre un caballo amarillo, que es símbolo del hambre que, en el Nuevo Testamento, se sacia en la Eucaristía que prefiguran los cinco panes y dos peces, que saciaron, y aún con sobras, al número simbólico de los cinco mil hombres, es decir, a la humanidad toda, ya que los múltiplos de cinco son expresivos de universalidad. El quinto sello aparece marcado con la letra E y representa a aquellos que murieron por defender la Palabra de Dios. Prefigura la Extremaunción o Unción de los Enfermos, como lo denomina el Catecismo, Sacramento, que también da salud al cuerpo, si le conviene. El sexto sello lleva pendiente la letra O y se abrió para los que anuncian la verdad, que son los portadores del Orden Sacerdotal. En el séptimo sello, con la letra M, se puede ver la continuidad y propagación de los elegidos, que la garantiza el Matrimonio, cuyas oraciones forman el perfume suave de las que se elevan por la Humanidad a Dios.

El Apocalipsis es, pues, el libro sobre el que se recuesta el Cordero, que lleva en una banderola el consabido Agnus Dei o Cordero de Dios. El Bautista Juan, que se hallaba en la ribera del Jordan, reconoció entre ellos a Jesús, que se acercaba y de él proclamó diciendo: “Ahí está el Cordero de Dios -Ecce Agnus Dei-, el que quita el pecado del mundo. Porque yo lo he visto, atestiguo que él es el Hijo de Dios”. La Iglesia tomó esta expresión del Bautista Juan, para proclamar antes de la comulgar, la jaculatoria que precede a la comunión, auténtica confesión de fe en el Misterio de la Eucaristía.

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