Paisaje después de la batalla
El resultado de las elecciones andaluzas ha agitado el árbol del panorama político español. Si ya había incertidumbre en el gobierno, partidos políticos, "procés", calendario judicial...etc., las elecciones andaluces han puesto la guinda al pastel.
Se ha vuelto a repetir en el día después, la liturgia de los partidos políticos de que todos han ganado, liturgia que por cansina ya es patética. Lo cierto es que sólo existen dos partidos "ganadores": Ciudadanos (ha duplicado su representatividad) y Vox, que de la nada más absoluta ha conseguido 12 diputados al Parlamento Andaluz. Los demás, fracaso absoluto.
Los analistas sesudos se afanan en buscar las causas por las que Vox, (un partido de extrema derecha, a cuyos líderes hasta hace dos días no los conocía "ni la madre que los parió"), ha podido irrumpir con tanta fuerza, dejando descolocados a todo el mundo (políticos, tertulianos, analistas ,medios de comunicación y hasta la mismísima UE). En mayor o menor medida, casi todos lo atribuyen a varios factores y los más "sensatos" lo reparten a partes iguales: la larguísima permanencia en el tiempo del socialismo andaluz (36 años en el poder); los bulos sobre como el gobierno "premia" a los inmigrantes, frente a los nacionales; el conflicto catalán (¿Hay alguien más español que un andaluz?); la abstención (el votante de izquierdas se quedó en casa). ¿Alguien duda, a estas alturas, que estos y otros factores menores han tenido que ver en resultado electoral? Otra cosa es en qué medida se reparten las culpas.
Dicho lo anterior, no deja de llamarme la atención, que ningún analista (salvo Manuel Jabois) haya señalado como un factor determinante el papel que los medios de comunicación han jugado en el espectacular resultado de la extrema derecha en Andalucía. Veamos: Hasta hoy, existía una especie de "ley no escrita", una especie de acuerdo mediático, por el cual en precampaña y campaña electoral se difundían noticias, entrevistas y comentarios en función de la representatividad que cada partido hubiese conseguida en las anteriores elecciones. Así, en el caso de las andaluzas, de cuyos resultados los partidos obtuvieron su representatividad con un peso importante que obligó a un gobierno minoritario aceptar, por primera vez, el apoyo de una fuerza de centro (Cs); la presencia de estos partidos en los medios era bastante equilibrada ya que su presencia, en la sede de la voluntad popular, el parlamento andaluz estaban muy repartidas.
Sin saber cómo ni cuándo, este principio se rompe por primera vez con Vox. Este partido (a pesar de lo que dice) no es nuevo, lleva presentándose a las elecciones generales desde su nacimiento en 2013, sin obtener ninguna representatividad ni en 2015, ni en 2016. En las pasadas elecciones andaluzas del 2015, obtuvo el 0,45% de los votos, es decir por debajo incluso de otros partidos menores como UPyD (1,93%), PA (1,53%), PACMA (0,8%) y casi igualando a Falange Española (0,12%). Todos estos partidos (y otros más minoritarios) no han tenido ni un solo segundo de atención en los medios de comunicación (cuestión lógica por su nula representatividad), salvo Vox, al que los medios le han brindado gratuitamente una plataforma de lanzamiento sin parangón en los cuarenta años de democracia en España.
Se pretenderá argumentar que ello se ha hecho porque las encuestas apuntaban una representatividad de este partido. A lo que habría que contestar que las encuestas son sólo eso, encuestas y, por otro lado, las primeras encuestas hablaban de 0/1, es decir de ninguna representatividad o en el mejor de los casos 1, por Almería. Ahí debía de terminar la presencia de estos individuos en los medios, pero muy por el contrario, a partir de entonces, todos los medios hablaban de la "la nueva fuerza política" y los partidos políticos ejerciendo de altavoces al echarse a la cara la posible presencia de Vox en el panorama político andaluz. Mientras tanto, Vox frotándose las manos, porque ni en sus mejores sueños, podían soñar con una campaña gratuita. No les ha costado ni un euro y su rentabilidad ya la quisiera Le Pen, para ella.
En otros momentos he hablado sobre "la semilla del diablo" en cuanto a la presencia de la extrema derecha en Europa, de la cual España, por suerte estaba indemne. La "semilla del diablo" ya está aquí. Tiene muchos padres y los medios de comunicación un buen filón para las tertulias, editoriales, columnas...¿y la receta para su aislamiento contagioso?...la misma que en el resto de Europa: "cordón sanitario", pero va ser que no. La derecha española (la de Casado/Aznar) no es la derecha de Francia o Alemania y aceptarán encantados los votos de Vox para gobernar, primero Andalucía, luego España. Al tiempo.
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