Voz en Vox
Desde las primeras elecciones democráticas, los partidos que representan tanto a la izquierda moderada (PSOE...) como los que lo hacen con la extrema izquierda (PCE, ERC, PODEMOS...), ¡y vamos ya para 40 años!, se preocuparon en querer ganar, en la opinión pública, una guerra que habían perdido militarmente, en vez de hacer borrón y cuenta nueva. Intentaron borrar su propia incapacidad y culpar exclusivamente de la misma a los vencedores. Han promulgado leyes injustas contra la memoria de los asesinados por sus partidarios, tanto en el periodo republicano como durante la contienda (paseos a civiles, matanzas de sacerdotes y monjas, asesinados en Paracuellos...) y han levantado altares con los represaliados del otro bando, destruyendo los que se habían levantado por el régimen anterior; es decir:" te quito a ti para ponerme yo". La democracia no debió nunca consentir tal afrenta. Los muertos debieron unirnos y no separarnos. Se debió rescatar a todos los enterrados por caminos y fosas comunes y entregárselos a sus familias o enterrarlos juntos en un lugar digno. Pero no se hizo ni se hará porque a algunos políticos les va bien traficando con muertos que no son de su familia.
Ahora están empeñados en "resucitar" a Franco, pues están a un paso de conseguirlo. Lo lograrán el día que su vanidad y sed de venganza lo desentierre. Les está pasando lo que al primer golpista contra la República, el socialista Belarmino Tomás y sus partidarios. Ya sé que aquello no fue un intento de golpe, fue una revolución. Pues bien, su periodo de Presidente de la República Astur-Leonesa llenó ambas provincias de fascistas por su vanidad, arrogancia y prepotencia. Algo parecido está pasando en la actualidad. El afán de protagonismo de Pedro & Pablo, su pacto con separatistas y su desprecio por los símbolos nacionales y por la misma nación, amén de su impagable campaña contra un fantasma (Vox) está resucitando un sentimiento, aletargado desde años ha, que ellos creían erradicado. Y, la verdad, yo también lo creía; puesto que no estaba en ningún escaparate mediático. Fue ayer, en el recuento de las andaluzas, cuando me percaté de que algo se estaba moviendo por el subsuelo patrio y, más aún, cuando la extrema izquierda alertaba horrorizada de la irrupción de su homónima diestra. Supongo que se creían con la exclusiva de "extrema". Lo malo es que Susana y Pedro ya se han sumado al coro. Ven la paja en ojo ajeno y ellos que llevan décadas con una viga en el suyo ni se enteran.
La gran mayoría de españoles desconocíamos quién era Vox, pero nos hemos enterado por boca de Susana, Pablo y demás acólitos. Lo malo es que ahora han echado a rodar la bola y, estas cosas, cuando las dejas de la mano no puedes saber donde acabarán. Lo sabremos en las próximas elecciones nacionales. De momento, Vox ya tiene voz.
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