No podemos bajar los brazos
Se termina este año con un panorama político complicado por la minoría del gobierno en el Parlamento, la actitud de la oposición conservadora de negar el apoyo a cualquier medida que signifique derogar las reformas tan perjudiciales para la clase trabajadora y la intromisión de un partido de extrema derecha en el tablero, que sirve de muleta para retornar a políticas de recortes.
Ha sido un año de grandes movilizaciones de pensionistas y jubilados, como las que hemos efectuado en Gijón en marzo o abril los sindicatos y plataformas o las concentraciones permanentes de Bilbao que obligó al PNV a presionar a Rajoy en los presupuestos de 2018 y subir las pensiones hasta el 1,6% y el 3% las mínimas.
Pero para 2019 las cosas no están claras, más bien oscuras, pues a día de hoy no hay garantías de que se aprueben los presupuestos de PSOE y Unidos Podemos, donde se contempla el SMI a 900 euros y aplicar el IPC a las rentas de los mayores, siguiendo las recomendaciones del Pacto de Toledo.
Esto significa que podemos seguir soportando la reforma del PP que plantea subidas del 0,25 %, un auténtico desastre sobre todo para las pensiones mínimas. Supongo que con este panorama iremos a unas elecciones generales anticipadas, que tanto piden los partidos de derecha, con la esperanza de reconquistar el gobierno.
Por ello no podemos bajar los brazos y dejar de movilizarnos. Pero la lucha no debe ser solo de pensionistas, pues está en juego aún más el futuro de los nuevos jubilados, con dudas serias sobre la financiación del sistema público, implantar periodos más largos para el cálculo, revalorización dudosa y aplicar el factor de sostenibilidad que reduce la cuantía según la esperanza de vida.
Es imprescindible el relevo generacional para seguir combatiendo las políticas neoliberales de carácter global que arrinconan los derechos sociales y civiles de la mayoría. La sanidad debe ser más eficiente eliminando largas listas de espera, la educación debe tener igualdad de oportunidades para todos, la dependencia no puede permitir la pobreza y soledad de los mayores, los jóvenes no pueden seguir bajo el techo de sus padres por unos salarios de mierda o trabajar de "lo que salga" después de haberse formado. Tenemos que combatir por una sociedad más solidaria y justa antes de que sea demasiado tarde. Quedándonos en casa no se resuelve.
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