Es tiempo de Navidad
La mayoría de mis cartas tienen como tema de fondo la política, pero en estas fechas, aunque el tema está más candente que nunca, tengo deseos de escribir sobre algo más por que hay bastante más. No sólo de política vive el hombre (con este genérico me refiero evidentemente a mujeres y hombres, no vayamos a herir susceptibilidades y sensibilidades), vive de su familia, vive de sus amigos, vive de la gente que le rodea y con la que convive, incluidos los políticos, ya sean de vocación o de profesión.
En estos tiempos se habla mucho de que la Navidad ya no es como la de antes, sobre todo por los que ya tenemos una edad, que se han perdido algunas costumbres tradicionales y otras se han modernizado en demasía, que el sentido religioso de las fiestas es cada vez más exiguo, que hay personas que odian estas fiestas (siempre las ha habido) pero que saben respetar a los que las quieren.
También hay personal que abogaría por que desapareciesen radicalmente estas celebraciones. Creo que no lo hacen por que no tienen poder suficiente para ello pero si lo tuviesen, lo harían hasta con efecto retroactivo. Confío y espero en que nunca lo consigan, aunque suelen tener compañeros de viaje muy capaces de cambiar de opinión o de convicción según la conveniencia o oportunidad del momento.
Ya estamos viendo en pueblos y ciudades de España como año a año mengua o incluso desaparece la simbología que anuncia estas fiestas. En algunos sitios nos toman a las ciudadanos por tontos. Que quieren luces, pues les ponemos luces -dice el concejal de turno- aunque nada tengan que ver con La Navidad. Aducen que lo hacen para no molestar o no ofender al personal, pero si molestan y ofenden a las personas que nos gusta y vivimos la Navidad.
La Navidad predica paz, alegría, convivencia, amistad, sin cursilerías ni teatralidades, solamente siendo cada uno como es de verdad. Las personas no podemos ni debemos cambiar por que sea Navidad.
La Navidad es mantener una reunión familiar en torno a una buena mesa, es mantener y mejorar nuestro particular nacimiento, es mantener la clásica felicitación navideña escrita de puño y letra, es acordarse de los seres queridos ausentes, es recuperar al hijo pródigo, es practicar y platicar la tolerancia y la generosidad.
La Navidad no debería ser una fiesta más, es la Fiesta de la Navidad, nada más y nada menos. Hay que celebrarla como merece su rango, hay que dedicarle todo lo necesario y hay que vivirla plenamente.
Feliz Naviudad para todos los lectores y para el gran equipo de LA NUEVA ESPAÑA.
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