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El griego antiguo, un tesoro único

3 de Enero del 2019 - Manuel González Suárez (Oviedo)

Como cada año, la fundación Fundéu (Fundación del Español Urgente) publica lo que se conoce como "palabra del año", es decir, la palabra que, por su trascendencia en los medios de comunicación, su amplio uso, y por su carga semántica, esta fundación considera que merece ocupar el primer puesto entre diversos términos candidatos.

Las palabras que se han seleccionado en los últimos años proceden del inglés, como selfi (año 2014) o escrache (año 2013), si bien esta última, que proviene del inglés scratch ("garabatear", "escarbar", etc.), es una palabra documentada en otras muchas lenguas indoeuropeas (está emparentada con la raíz de términos como gráfico o grafía).

En otros casos, las palabras elegidas como "palabra del año" proceden del latín: tal es el caso de refugiado (año 2015), de fugere, "huir", o populismo (año 2016), de populus, "pueblo", que indica una determinada forma de entender la política para engañar o manipular al pueblo mediante grandes promesas, y cercana, por su sentido, a la palabra demagogia.

En los dos últimos años, sin embargo, las palabras elegidas son helenismos, es decir, términos que entran en el español y en cualquier otra lengua moderna a partir de elementos del griego clásico (la lengua venerable en que están escritas las obras de Homero, Sófocles o Platón) y que penetran en el español por vías muy diversas (a través del latín, del árabe, del francés y, sobre todo en los últimos tiempos, del inglés).

En el año 2017 la palabra elegida fue "aporofobia", un término elegante, de factura reciente, formado sobre tres elementos de origen griego: en primer lugar, la llamada "a- privativa o negativa", un prefijo inseparable que se antepone a algunas raíces para indicar negación o carencia (como en amorfo, "sin forma", átono, "sin acento" y tantas otras); en segundo lugar, aparece la raíz "poro-", que significa en griego "salida", "paso" o "recurso", "finanza" (lo encontramos en otras palabras españolas como "poro", es decir, los pasos por los que el sudor sale, o "aporía", un problema que no tiene salida o solución); por último, el tercer componente es otra raíz griega, "fobia", que significa en origen "miedo", "espanto" (Fobos personificado es uno de los seres terroríficos que, según el mito griego, acompañan al dios Ares en sus matanzas) y que en español designa todo aquello que provoca miedo o rechazo (aparece en muchos términos técnicos del campo de la medicina o de la psicología (hidrofobia, agorafobia, claustrofobia, homofobia, etc.). Por tanto, esta palabra vendría a significar algo así como "miedo o rechazo a las personas que no tienen recursos, a los pobres". Hemos de señalar que el griego es tan versátil para la formación de neologismos que se hubiera podido decir también, en lugar de aporofobia, ptocofobia, penetofobia, misaporía, misoptocia...

Para el año 2018 la Fundéu ha elegido la palabra "microplástico", otra palabra de procedencia helénica, compuesta por tres elementos muy claros y extendidos en otros términos castellanos: el primero es la raíz "micro-", con el sentido de "pequeño", "escaso", "corto" (aparece en palabras como "microcéfalo", que tiene la cabeza pequeña, microscopio, aparato para ver cosas pequeñas o "microclima", es decir, un clima -término, por cierto, también de origen griego que alude a la inclinación de los rayos del sol- propio de un área reducida); el segundo elemento es la raíz "plast-" que alude a algo que se puede moldear, que es maleable, que se le puede dar forma (aparece en términos técnicos como "neoplasia", en el ámbito de la medicina, o el más popular, "plastilina"); el último componente de la palabra es el sufijo -ico, que, también de procedencia griega, tiene el sentido de "que pertenece a", "relacionado con" y se usa en español y en muchas otras lenguas para formar adjetivos (tóxico, lógico, dialéctico, físico) y, en su forma femenina, para disciplinas de estudio (gramática, retórica, aritmética, botánica, informática...). Así, la palabra microplástico aludiría a pequeños fragmentos de materia plástica que acaban en los mares, posteriormente, en los peces y, finalmente, se asientan en nuestro propio cuerpo.

Hemos querido destacar estos dos últimos términos para mostrar que el griego antiguo, una materia que los políticos han ido arrinconando cada vez más en los planes de estudio de España hasta casi hacerla desaparecer (quién sabe si por impericia e ignorancia o simplemente por su estulticia), es un tesoro único y una cantera inagotable para formar palabras técnicas en todas las lenguas modernas, algunas de las cuales definen muy bien a quienes tratan de eliminar su estudio: política demagógica, retóricas anodinas, ideas patéticas, dialéctica anacrónica... (¡todos son helenismos!).

Manuel González Suárez

Oviedo

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