Maltratamos a nuestros mayores con alevosía y nocturnidad
Vivimos tiempos contradictorios y de una hipocresía absoluta. Por un lado se reivindica protección e igualdad de derechos para colectivos de todo tipo (que está muy bien) ya sea para el menor, la mujer, los animales salvajes, las mascotas, el medio ambiente, homosexuales, etcétera. Sin embargo nos encontramos con la cruda realidad cada día, las personas más vulnerables, las que deberíamos proteger por encima de todo, las dejamos abandonadas a su suerte: Las personas mayores, nuestros abuelos.
Nos informan a diario de residencias y asilos que tratan a estas personas peor que a sus perros. Las que se inspeccionan. Les aseguro que son la mayoría las que son puro negocio, las que nuestras administraciones consienten traficar con la salud y la vida de nuestros mayores. No les dan la comida apropiada, en muchos casos comida para cerdos, no respetan alergias, dietas e intolerancias, por no decir que no les dan los medicamentos indicados en su hora precisa (todos hemos visto algún reportaje sobre este tema tan vergonzante para sentirnos orgullosos de ser y estar) No es hablar por hablar, hemos recorrido hace unos años en Asturias varias residencias con un tío, ninguna de ellas, sea pública o privada pasaría un control de decencia y dignidad. ¿Qué hacen las administraciones? ¡Nada!
Leemos asombrados e indignados la cantidad de ancianos que viven solos sin una pensión decente, solo en Mieres leímos que más de 2.000 mujeres de más de 75 años viven solas, en algunos casos recientes llevaban días muertas en casa sin que nadie las echara en falta. ¿Qué hacen las administraciones? ¡Nada!
Comprobamos cómo estas personas tal parecen escoria de la sociedad hasta para nuestra sanidad. Listas de espera escandalosas, ahora también para el médico de cabecera. En éste aspecto estamos peor que hace 30 o 40 años, cuando se sentían mal llamaban y el medico acudía a su casa inmediatamente, ahora llaman y les dan para tres o cinco días después. O se mueren, empeoran la enfermedad, la hacen irreparable o sanan por ellas mismas. Leemos atentamente los agradecimientos para nuestros hospitales, pero es más común citas de espera para meses con el perjuicio y el sufrimiento mientras tanto, que ese trato ensalivado. Lo que faltaba es que en nuestros hospitales además nos trataran mal. No puede un paciente esperar meses para ser evaluado, eso es un asesinato premeditado y consentido. Si hay pocos médicos, más. Sí alguien se beneficia en la privada de esas listas públicas, despedirlo e inhabilitarlo de por vida. No necesitamos matasanos aprovechándose de la salud y la vejez. No es posible que los especialistas sigan teniendo listas de espera en el hospital y acudiendo a su consulta privada lo solucionen todo rápidamente. ¿Qué hacen nuestras administraciones? ¡Nada!
Nuestras administraciones están más dedicadas a encuestas, listas y enchufes propios que a solucionar la vida de los colectivos más vulnerables ¿Qué otro más vulnerable que los ancianos? También dedican tiempo a querer salvar el mundo (medio ambiente y animalismo feroz y voraz) dejan que cuatro niñatos y niñatas lideren la defensa del ecosistema y la defensa de la mujer en toda su extensión, cuando tanto lo uno como lo otro deben ser considerados problemas de más amplitud y no dejar que estos niñatos y niñatas (pirando clase) nos entretengan sobre otros temas de vital y urgente importancia. Además se puede mascar chicle y caminar al mismo tiempo.
Las abuelas son mujeres también, no solo las jóvenes sufren abusos y acosos, las verdaderas acosadas y maltratadas son nuestras ancianas y ancianos. ¿Qué hacen los colectivos feministas por ellas y ellos? ¡Nada!
¿Vale más un jabalí, un oso y un lobo que todos los animales domésticos que se van perdiendo por imposibilidad de convivir con estas bestias? ¿Vale más la vida de un perro y un jabalí que la de una persona? ¿Es más maltrato el de una mujer joven que comete un energúmeno al que cometemos todos nosotros (y ustedes a la cabeza feministas de patio de colegio) contra nuestros ancianos?
¿Piensan ser siempre jóvenes? Estas cosas duelen, no las queremos oír y leer. Pues es la cruda realidad de lo que somos y merecemos. ¡ahora vas y lo cuentas!
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