Basta ya de subvenciones
Dicen que el borrador para el nuevo reglamento para las industrias electrointensivas no ha gustado a nadie.
No ha gustado a las empresas y no gusta a los sindicatos. Es lógico, porque la única solución para que las empresas que consumen grandes cantidades de electricidad permanezcan no ya en la región, sino en España, es que lo que cuesta producir un vatio en España sea igual a lo que cuesta en los países que son nuestra competencia y eso es imposible. Es imposible porque no podemos competir con Australia, que tiene carbón en abundancia y fácil de extraer, no es posible competir con Arabia que tiene petróleo en abundancia, no es posible competir con Noruega que tiene petróleo y gas, ni con Brasil que tiene agua para aburrir, ¿hablamos de Francia que no ha mostrado nunca asco del uranio? De tal modo que la única manera de que a la empresa equis le salga al mismo precio fundir el aluminio o el acero aquí que en Brasil es que alguien supla la diferencia del precio del kilovatio para que a la empresa no le resulte gravoso. En otras palabras, que se subvencione. La cuestión surge si usted y yo, amable lector (porque ese ente que se llama Estado no tiene cuerpo), debemos subvencionar a empresas de capital privado y extranjeras con el simple fin de que no se vayan. O dicho de otra manera, ¿estamos usted y yo dispuestos a que en nuestra factura de la luz aparezca otra porción de queso con la partida “subvenciones a Alcoa” o “subvenciones a Arcelor”?
Pero surge otra cuestión, ¿cuál es la razón por la que sólo estas empresas (las electrointensivas) son susceptibles de recibir ayuda?, ¿no las merece la lavandería industrial para hostelería que consume algo de electricidad?, ¿y el taller de diez empleados que mantiene un puente grúa y los equipos de soldadura? O, simplemente, la tienda de zapatos que hay en su calle e ilumina por las noches el escaparate, y yendo un poco más allá, ¿por qué no nos subvencionan a usted y a mí la factura, a nosotros que no producimos más CO2 que el de nuestra respiración y simplemente nos gustaría pagar menos impuestos?
Algunos, con palabras grandilocuentes, hablan de sinergias o de industria estratégica. De lo primero no hace falta más que ver cómo a pesar de todos los esfuerzos no hemos conseguido una potente industria transformadora del cinc o del aluminio, de lo segundo debe ser que la multitud de pequeños comerciantes que ha ido cerrando a lo largo de nuestras ciudades por culpa de otras competencias no sean estratégicos y no merecían ayuda: eran prescindibles. Hagan ustedes un recorrido turístico por esa ciudad industrial que es (¿o era?) Avilés, ahora engalanada con letreros de “Alcoa no se cierra”. Bien, Alcoa no se cierra, pero sí se pudo cerrar la sastrería que había en El Pozón cuando no pudo aguantar la presión de las grandes superficies; Alcoa no se cierra, pero sí se pudo cerrar aquella tienda donde reparaban radios que estaba en Llaranes cuando llegó la marea de la electrónica oriental barata, Alcoa no se cierra, pero sí se pudieron cerrar las múltiples jugueterías del casco viejo que ante el descenso demográfico ya no tuvieron a quién vender.
Y nadie dio un duro por subvencionarlas.
Antonio Mallo Fernández-Ahuja
Avilés
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

