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Sisterna (Ibias): sin agua de potabilidad garantizada no hay paraíso

1 de Abril del 2019 - Francisco Javier Márquez Carrascal (Gijón)

Esta carta va dirigida a la alcaldesa de Ibias, D.ª Silvia Méndez Abello, al consejero de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, D. Fernando Lastra Valdés, y a toda la corporación municipal del Ayto. de Ibias, especialmente a su Junta de Gobierno Local, todos ellos conocedores del problema que a continuación se expone.

Desde el año 2017 una serie de vecinos y vecinas del pueblo de Sisterna (concejo de Ibias) hemos iniciado los trámites pertinentes para tener en nuestras casas agua con garantías de salubridad, puesto que el agua del grifo de nuestras casas o la de la fuente de la plaza del pueblo procede de un pozo privado que no cumple las garantías higiénico-sanitarias exigidas por la ley (no está ni vallado, ni su limpieza se hace acorde a la legalidad vigente, ni se realiza ningún control periódico microbiológico del agua). De acuerdo con la legislación vigente (Ley 1/, de 21 de febrero, sobre Abastecimiento y saneamiento de aguas en el Principado de Asturias y el artículo 25.2.c de la Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de Racionalización y sostenibilidad de la Administración Local), más de cincuenta vecinos y vecinas del pueblo (donde, a pesar de no residir, tenemos una propiedad y pagamos TODOS nuestros impuestos al Ayuntamiento) solicitamos algo tan básico y necesario como el agua de potabilidad garantizada por la Administración Pública pertinente. ¿Les parece algo irrelevante a las autoridades citadas en el encabezamiento que en el siglo XXI estos vecinos y vecinas solicitemos agua controlada para preservar nuestra salud? Pensemos más: en la capital del concejo sí tienen agua de este tipo y la piscina municipal está controlada biológicamente de manera periódica. Entonces la pregunta es la siguiente: ¿qué es más importante, el agua de la piscina de Ibias o el agua de consumo humano del pueblo de Sisterna en el que pueden llegar a residir en los períodos vacacionales más de 200 personas y donde hay un establecimiento público en el que pernoctan muchos turistas a lo largo del año? No seré yo quien quiera que se prescinda de la piscina, pero ¿por qué no se toman YA medidas para garantizar el consumo del agua que bebemos? ¿Debemos esperar a que ocurra una desgracia? Y luego, ¿nos lamentaremos? ¿Será responsabilidad de alguien o todos los escritos metidos por registro a las distintas autoridades no habrán sido suficientes para que se dieran por enterados? Puedo decir más: hemos escrito también al Defensor del Pueblo, quien ha instado al Ayuntamiento a dotar de una traída acorde a los parámetros que marca la ley. Ante esto, inopinadamente, la alcaldesa y la Junta de Gobierno Local, tras haber consultado a los seis vecinos que allí residen (pero, eso sí, que votan también allí), tomaron la determinación de, simplemente, garantizar el suministro, proponiendo una captación de agua y obviando lo importante: las garantías sanitarias. ¿Se imagina alguien a un alcalde preguntando a sus conciudadanos si quieren que de sus grifos salga agua con caudal suficiente y despreocupándose de que esta sea apta para el consumo humano? Pues en Sisterna se ha hecho. Lo que está ocurriendo es que los propietarios de las viviendas que no estamos empadronados en el concejo solo tenemos la obligación de pagar impuestos, no el derecho a que se cumpla la ley. La captación propuesta por la alcaldesa y la Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Ibias parece ser que forma parte de un proyecto de la Dirección de Calidad Ambiental de la Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente. Garantizar el caudal y no la potabilidad es insuficiente y no se atiene a la legislación antes citada. ¿Van a dar la alcaldesa, la Junta de Gobierno Local y la Consejería una solución al verdadero problema del pueblo? De poco nos sirve que salga mucha agua del grifo si no se puede beber por miedo a contraer una enfermedad. Sisterna pertenece al Parque Natural de Fuentes del Narcea, paraíso natural donde habitan un gran número de animales (osos, jabalíes, corzos, rebecos, etc.) que beben, se limpian, defecan, pueden morir y descomponerse en el agua que luego va a dicho depósito. ¿Los animales tienen bacterias? ¿Pueden estas pasar al agua? La respuesta la sabemos todos. Pongan remedio, por favor. Solo digo que en estos últimos años yo he sufrido dos graves tumores. Quiero pensar que no se deben al consumo de aquella agua, pero no puedo descartarlo. Esto es un problema de salud pública ante el que necesitamos una respuesta seria. Seamos sensatos. Pedimos al Ayuntamiento que destine parte del millón y medio de euros del presupuesto de 2019 para solucionar este problema y, si no puede ser, que solicite el dinero necesario al Principado, tal como contempla la ley y como apuntó el Defensor del Pueblo, quien, el 31 de mayo de 2018, nos remitió un escrito donde, entre otros aspectos, se apuntaba lo siguiente en lo relativo a la consecución del dinero para la ejecución de la obra: «(...), esta institución ha solicitado a ese Ayuntamiento que insista en la obtención de esta ayuda que precisa y que colabore en lo que requiera dicha Consejería para que los vecinos de Sisterna cuenten con un adecuado abastecimiento domiciliario de agua potable lo más pronto posible».

Desde el 17 de agosto de 2017 llevamos solicitando un bien básico para un pueblo de un país desarrollado. En abril de 2019 aún no se ha solucionado este problema de salud pública. Seguiremos peleando por nuestros derechos y por salvaguardar el bienestar de la gente que vive, veranea o acude como turista a un pueblo realmente bonito. Nuestro siguiente paso: llevar el caso a las instituciones europeas.

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