Salvados
Presencié la entrevista que el Papa Francisco concedió al programa "Salvados" de la cadena de TV la Sexta. Como no podía ser de otro modo, me sentí orgulloso del Santo Padre. Sobre todo por haber elegido una cadena y un presentador que no comulgan mucho, precisamente, con la Iglesia ni con el propio Papa. De esta forma demostró el Papa Francisco que los católicos que se precien de tal no pueden permitirse el bloqueo del diálogo con ninguna persona ni ninguna organización humana. Demostrando una vez más que Dios no hace acepción de personas y los que Jesús levantó a la dignidad de hijos de Dios tampoco pueden tener prejuicios que les lleven a catalogar a cualquier persona humana como inapropiada para la convivencia o el diálogo. Y desde esta misma perspectiva también me sorprendió gratamente la aceptación plena de la persona, independientemente de la repulsa al pecado. Destacando en el aborto la aceptación plena de la mujer atrapada en trágicas circunstancias y, a la vez, certificando la imposibilidad de anteponer el hallar una solución que pase por quitarle la vida a una persona, que lo es desde el primer instante de la concepción. Y aquí salta la gran tragedia del antagonismo entre "lo políticamente correcto" para la vía ideológica progresista de Occidente y lo que ella misma condena, irguiéndose en juez y parte, como "el pensamiento retrógrada" que queda descalificado "por serlo". Y digo tragedia porque bajo este axioma se está cometiendo un genocidio incomparable con ningún otro de la Historia de la Humanidad, pero, lo que es peor aún, se boicotea la corriente racionalista, empírica y científica con la que se podría demostrar lo errado del juicio proabortista y de lo acertado de los postulados próvida. Acompañando a este boicot el veneno que siembra de muerte el futuro de la Humanidad, pues pasado unos años se llegará -este es el plan- a castigar legalmente a los que alcen la voz contra el aborto. Si se siguieran los consejos que el Papa Francisco dio para la prevención de una información viciada, las sociedades occidentales tendrían a la vuelta de la esquina la salud de todos sus males: Vigilancia para que se transmita sólo la verdad, no difamar ni calumniar y no dejarse llevar por ideología alguna, sino más bien reconocer la verdad, la coherencia y la fuerza de los argumentos basados en hechos científicos y en la razón utilizada como privilegio humano al servicio de todos los hombres, especialmente los más vulnerables.
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