Condescendencia con el poder
De alguna manera todos participamos en esta especie de compadreo con el poder en espera de alguna migaja que se logra recoger con este tipo de baboseo rastrero. Los que tienen influencia lo saben, saben que, nos tienen subyugados y amansados; que acudiremos a ellos en espera de favores, enchufes y soluciones fáciles a nuestros innumerables problemas cotidianos, ya sean de carácter personal, familiar o profesional. Por eso los que mandan, dirigen y gestionan, se distraen, se corrompen y abusan de su status, porque nosotros nos reducimos a meros comparsas, nos conquistaron a base de supeditarnos a ellos. Quien tiene la obligación de atendernos por estricto orden sin más preferencia que la que les obliga su responsabilidad y nuestros derechos, no hay que pedirle y rogarle atajos. Eso nos somete y esclaviza en perjuicio de otros, que bien pudiéramos ser nosotros en otras ocasiones.
Que lo hagan los ciudadanos de a pie, está mal, pero que entre quienes deben fiscalizar (investigar, inspeccionar, verificar, censurar, reprochar, denunciar y juzgar) a estas personas u organismos públicos, la cosa cambia. Estaríamos participando de la desintegración de las reglas básicas de convivencia y respeto. Los fiscalizadores no pueden ser condescendientes y compadrear con quienes deben evaluar, censurar y denunciar.
Hablo en efecto de unos colectivos o profesiones que deben mostrar un algo más en imparcialidad y responsabilidad personal: Jueces, Inspectores, periodistas, militares, cuerpos de seguridad del estado, responsables políticos, educadores, cuidadores de niños y personas mayores, empleados sanitarios... en fin todo aquel que de alguna manera engrana y engrasa la maquinaria de nuestro estado de derecho y de bienestar.
Si cada uno de ellos, se deja llevar por la seducción del saco tajada, el no meterse en problemas, por dejar pasar, por anteponer la camaradería, amiguismo y el compadreo a las responsables decisiones que debieran tomar... el desbarajuste en todo es el que apreciamos: Listas de espera escandalosas para todo, urgencias de hospitales saturadas, cueles y enchufes, abusos de poder, residencias de ancianos que no guardan las mínimas medidas de sanidad, cuidado y dignidad para nuestros ancianos, políticos corruptos por todos lados, vivienda y calefacción imposibles, sueldos y empleo de esclavitud, se rescatan bancos y empresarios de autopistas pero a las familias se las pisotea, se cuidan más a los animales que a las personas, los derechos se imponen a los deberes en todo, mentiras, engaños y promesas incumplidas de nuestros políticos... insolidaridad general al estar media ciudadanía supeditada a la otra.
Si además el cuarto poder (el periodismo) entra de lleno en esta especie de permisión que nos entró a todos por la fascinación que tiene la gente influyente y los favores que nos pudiera traer, la cosa ya se pone seria. Desde tiempos inmemoriales el periodismo (el buen periodismo) siempre ha sido azote de irresponsables, corruptos, abusadores y hasta de mafias y dictadores. Claro que tiene riesgos, claro que se dejan amigos por el camino, claro que se recogen enemigos a montones, pero cómo decía Eduardo Bonvallet, solo alcanzan lo supremo los que no temen decir la verdad, su verdad. El reconocimiento por parte de los demás solo lo alcanzan los valientes. Claro que tienen errores, como todos, pero en la balanza quedarán sobresaliendo por encima de los acomodados, que son la mayoría.
¿Cómo van a criticar el poder si se hacen amigos de alcaldes y presidentes? ¿Cómo van a criticar y denunciar las listas de espera y la dejadez de los dirigentes de nuestros Hospitales, si estos compadrean y son de los que se cuelan y cuelan a sus allegados? Este polémico comentarista chileno, fue el primero en denunciar que cada equipo y selección de futbol llevara en sus desplazamientos a los periodistas afines, viajaban con ellos, se hospedaban donde ellos y hasta algunos les pagaban todo ¿cómo iban éstos profesionales informar con independencia?
Que digna y bella profesión la del periodismo, pero tirada está por el suelo. Los entiendo, pero no acepto que se resignen a ser voceros de sus dueños. En esta vida vale más morir de pie que vivir de rodillas. Me van las Concepción Arenal, Pardo Bazán, Clara Campoamor, Marie Colvin, Ramón Lobo, Gabilondo... incluso: José María García, los Morena, los Bovallet, dejaron huella por sus críticas mordaces contra el poder al que ahora muchos se supeditan sin pudor. El resto terminará su vida profesional sin más valor que ser uno más.
Perdemos todos si el periodismo deja de comprometerse con la sociedad y con su código deontológico.
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