Sea valiente, doña Yasmina
Ya está, lo que no se hizo durante el desarrollismo más rancio cuando el ladrillo se imponía a cualquier cosa que se pusiese por delante se lleva a cabo por la izquierda, de la que no nos esperábamos esta agresión al medio natural.
Me refiero a la aprobación de la construcción de sesenta chalés en el Puerto, Castrillón. No comprendo muy bien cuál es el afán constructivo en zonas de alto valor ecológico o paisajístico de esta Corporación: el plan para construir en Salinas, ahora en la ensenada de Santa María del Mar. ¿Se trata de una estrategia dirigida a tapar la fachada costera que disfrutamos todos los ciudadanos o hay algún otro interés que se nos oculta? Lo desconozco, pero la realidad es que no se tienen miramientos a la hora de enladrillar la costa castrillonense. Entiendo que las arcas municipales se beneficiarán de esta operación, al igual que la pretendida en Salinas, pero este es el argumento capitalista por excelencia que no nos esperábamos de la Alcaldesa. No, el dinero no lo es todo, los ciudadanos de a pie deberíamos poder seguir disfrutando de la ladera del Puerto en su forma prístina, sin verla poblada de chalecitos para cuatro privilegiados (porque ninguno será de protección oficial, ¿verdad?).
Vemos que en el Mediterráneo, que pagó un coste muy caro por el afán constructivo, algunos alcaldes, preocupados por la destrucción de la costa, han tomado medidas para intentar en lo posible remediar lo que se hizo, ¿no sería más sensato tomar desde el principio las medidas para proteger nuestra costa? Digo “nuestra”, porque es de todos los castrillonenses y no de sesenta personas que se puedan pagar unas vistas al mar y desayunar con el rumor de las olas, también lo es de quien no tiene ese privilegio ni esa cartera, que es la mayoría de los ciudadanos de este Ayuntamiento; porque el obrero de la Asturiana o el dependiente del supermercado de Piedras Blancas no van a ser los pobladores de estos chalés, bastante tienen con llegar a fin de mes.
Doña Yasmina, sea valiente, no ceda ante las presiones de los constructores, permita que la ciudadanía la recuerde como alguien preocupada por nuestra costa, no como la Alcaldesa que permitió el hormigonado de la ladera del Puerto. Estamos cerca de las elecciones, estoy seguro de que somos más los que paseamos por esa ladera que los que la quieren arruinar. No merece estropear tanto por conseguir tan poco.
Antonio Mallo Fernández-Ahuja
Avilés
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