La vergüenza de género
Con un cadáver de una mujer recién hallado tuve que escuchar cosas como "bien tonto fue que lo pillaron por tardar en denunciar la desaparición". Para rematar, otro espontáneo de esta nueva moda de opinar sobre todo investido en el “sincomplejismo” fascista que se extiende como la pólvora va y suelta: "Es que estamos en peligro de extinción".
Sabía por dónde iba, pero preferí ratificar. "¿Quién?", dije. "Los paisanos", contestó, tal y como esperaba.
"Han muerto dieciséis mujeres en lo que va de año a manos de sus parejas o exparejas y ¿somos los paisanos los que estamos en peligro de extinción?", le dije con una evidente indignación. Indignación que encima me fue recriminada por gente cercana.
El caso es que remató el intelectual "es que según qué juez te coja te crucifica de entrada por ser hombre". Una mujer aparece muerta, presuntamente a manos de su pareja, y es precisamente el momento para desbarrar.
Al final, la imagen de intolerante la tengo yo y él se habrá sentido intimidado.
Intenté rebatirle su argumento con datos, pero la respuesta fue "cada uno piensa como piensa".
Ese es el problema, que la mentira es ahora ideología.
Dan igual los datos o las estadísticas. Da igual que haya un cadáver de mujer recién hallado. Los energúmenos se van a seguir tragando las falacias más burdas porque es lo que se quiere oír.
Poneos las pilas porque si no ponemos remedio en las urnas, podemos ir por muy mal camino.
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