Casta

9 de Abril del 2019 - Jose Luis Peira (oviedo)

Hace un tiempo, viendo un programa sobre los lobbys o, para que se entienda, grupos de presión, que presionaban de lo suyo en las instituciones europeas. Entrevistaron entre otros a un fulano, representante electo del PSOE, cuyo nombre no es que yo no recuerde es que ni me sonaba ni creo que le suene a nadie más allá de su más cercano círculo íntimo de allegados.

Quiero decir que ese tipo, como tantos otros, no era un personaje conocido que, ni siquiera por enchufe o en pago a servicios prestados tuviera el premio de un escaño europarlamentario. Estaba ahí, por ser un número no muy alejado de la cabeza en las listas del partido, pongamos, entre el catorce y el veintidós. Un puesto confortable, sin mucha exposición, pocas explicaciones, algo de trabajo y nueve mil euracos por mes, más billetes de avión, más un smartphone cada poco, gastos de envío y todo eso.

Encima, el tío, que por cierto, llevaba como dieciséis años en Bruselas, reconoció que eso de que los lobbys tuvieran detallitos con gente como él, que supuestamente tenía que legislar, pues no estaba mal, que lo veía razonable y tal y tal.

Para mí, que quieren que les diga, eso es la casta; una gente que no se sabe muy bien para qué sirve, ni quiénes son, ni como carajo llegaron ahí, pero que, calentitos, pasan legislatura tras legislatura al amor de su beneficio. Una forma de vida desahogada, vaya.

No puedo evitar pensar que hay muchos así. De entrada diría que como la mitad de cualquier partido, y estoy siendo comedido. Con el tiempo, a base de vivir alejados de la realidad, unos cuantos más, recuerden, por ejemplo, a la señora esa de Valencia, con hombreras, la que dijo que, ella, de cutreces nada. Y eso, hay que recordarlo, lo manifestó cuando le afearon públicamente que con la pasta de todos se pillara una suite en Londres de varios cientos de euros por noche, minibar incluido. Así las gastan; así son.

Ahora han aparecido nuevas hornadas, con esto de las elecciones estas de marras. Caso conocido el de una del PSOE que ante el temor de descolgarse de lugar privilegiado en las listas priorizadas de ese partido ha dado olímpico salto a otro más chachi piruli, en dónde sin muchos miramientos la han colocado en puestos de pódium, que le garantizan la pasta gansa y los vuelos baratos por una temporada.

Tengo mis principios, y si no le gustan, puedo aportar otros. Pobre Groucho; lo que parecía una de sus geniales gracias de hombre irreverente que se parte de sí mismo y del sistema al mismo tiempo resulta que es toda una filosofía vital para algunos muchos. Y nosotros, pobres, bobos y distraídos ciudadanos del montón, sin verlo venir.

Tanto sacralizar la democracia y resulta que la estamos dejando en manos poco cuidadosas. Que entre toda esa chusma esto no se percibe como algo feo y sí como reglas de su juego lo demuestra el que unos partidos aceptan el excedente de la formación contigua sin miramientos, como para darle un gancho en el hígado al rival, nada más. La catadura de estos picaflor les importa poco, al fin y al cabo, dirán, son unos mierdas, pero son de los nuestros.

Pero con todo, hay un aspecto que a mí no se me desdibuja; que al fin y al cabo tenemos lo que merecemos.

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