Messi y el juego de querubines
Según la Wikipedia, un querubín es un tipo de ángel del segundo de los nueve coros angélicos, considerado como los guardianes de la gloria de Dios; son los "próximos" o los "segundos".
Sus figuras me remiten a la estampa de algunos futbolistas del Barça compañeros de Messi, tan ligeros y livianos como el juego que practican. Iniesta, Xavi, Busquets, Neymar, Cesc Fábregas o hasta el mismo Alba se mueven y deslizan por el campo como si el césped fuera de algodón.
Jugadores que acarician la pelota con el mimo y el gusto adecuados para que nadie se ofenda con su juego; lo hacen todo –recortan, driblan, tocan, pasan, centran, corren, se desmarcan– con la habilidad y compostura necesarias para librar los obstáculos que interponen sus rivales y evitar los riesgos que conlleva su escasa corpulencia.
Juegan como ángeles, son como querubines ungidos con la gracia, claridad y sabiduría suficientes para entronizar a Messi.
Al contrario de lo que dice Valdano, no fueron las rutinas del Barça las que encontraron una función a su descomunal talento, sino que es la imaginación de estos querubines lo que permitió a Messi explotar su genio.
En la selección argentina sus compañeros no le encuentran, mueven la pelota ajenos a su espacio, les falta juego y –aunque Dybala, Agüero o De Celso parecen querubines– les faltan gracia, energía y tiempo suficientes para coronar a Messi.
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