Libertad sin ira
Leía en la Tribuna de LA NUEVA ESPAÑA del domingo 7 de abril de 2019 a Semíramis González, que incitaba a una rebelión ciudadana contra la Iglesia por atreverse a organizar cursos para curar la homosexualidad, en contra del parecer de la científica Organización Mundial de la Salud, que ha descatalogado y levantado la excomunión sobre este aspecto de la vida actual y establecido el dogma de su absoluta liberalización. Si la OMS hubiera dicho que era una enfermedad horrible, imagino que Semíramis no dudaría en calificarla de institución ajada, apergaminada, polvorienta, legañosa y casposa. Antaño se acusaba a la Iglesia de intentar colarse en cama ajena con multitud de preceptos, ahora se me antoja que hay demasiada gente –no usted, Semíramis, que me cae muy bien– intentando colarse en la cama de la Iglesia, que casi parece el Hotel de los Líos. Usted propone que yo, como ciudadano, me una a su causa y condene sin paliativos a la Iglesia por prácticas con nombres bastante feos. Yo por mi lado le digo que intente ser un poco más liberal, incluso libertaria, y conceda, aunque solo sea un poco, de libertad a la Iglesia para hacer lo que dé la gana. Aunque es una familia amplia y muy frecuentada, con centros abiertos a todos, quizá de las pocas instituciones que uno puede visitar sin permiso, nadie te vigila, nadie cobra (catedral aparte) y puedes hacer lo que te dé la gana dentro de un orden, es también muy desconocida. La Iglesia, Semíramis, aunque no lo crea, no solo es anticuada, sino que es antigua. Cuando la Iglesia existía, la OMS era todavía la guerra de las galaxias. A mí me parecen bien los cursillos, y quizá por eso no tenga derecho a ser ciudadano según su criterio. Pero si en el futuro, sea por amor o por otros motivos, decidiese cambiar de línea de autobús (Dios no lo quiera, siempre Dios por medio) me gustaría que existiesen esos cursillos y poder acudir a ellos si me da la gana, si nadie tiene inconveniente. Por favor, Semíramis, sea liberal, ya que es buena, se ve en su artículo. Estamos en una sociedad multicultural y multifrutas para todos, menos, según algunos, para la Iglesia, curioso, curioso. No me convence el tono de su artículo, en el que quiere amordazar a la Iglesia bajo pretexto de salir en el "Diez Minutos" con ocasión o sin ella. Me gustaría poder opinar sea cual sea mi condición y mi estado, no me gustan los que intentan acallar o impedir actuar a alguien basándose en sus defectos (soy el primero en hacerlo, lo siento).
La Iglesia es antigua, y más lo es la homosexualidad, si nos remontamos a Sodoma y Gomorra, en una época en la que la ciencia médica debía estar en pañales, artículo por cierto poco demandado en el comercio local de aquellas ciudades. La gente tiene derecho a organizarse para tratar de evitar aquello que les parece que no les conviene. Me extrañaría que Bodegas Ramón Bilbao se molestase contra los que organizan reuniones para salir del alcoholismo, o que el Alimerka se querellase contra los que se reúnen como comedores compulsivos. De todas formas, por supuesto, adelante con su campaña. Tengo la sensación de que la Iglesia es experta en estos avatares. Ha tenido demasiados desencuentros con demasiadas personas durante demasiados siglos, y me temo que su campaña no va a ser la última. Yo mismo recuerdo haber leído hace años escritos vitriólicos contra la Iglesia de personas que ya no están con nosotros. Y la verdad es que no le aconsejo esa línea. La ciudadanía paga mal, les han dedicado como mucho una calle en Oviedo, con placa de las nuevas, de esas de cartón que supongo que son reversibles, con el nombre de algún coronel por detrás, para ser reaprovechadas si cambian las tornas (propongo desde aquí dedicar una calle a la Memoria Histórica, con nota aclaratoria inferior en la que se indique que se hace en virtud de la Memoria Histórica). Son cuatro días, y me parece que la mejor opción es la de cada uno en su casa y Dios en la de todos, si le dejan.
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