Dios en nuestra lucha
En ese tiempo la liturgia nos impulsa a asumir nuestra parte en el proceso de conversión, al invitarnos a la práctica de las tradicionales obras penitenciales.
Es ese espíritu de penitencia del que hablaba San Josemaría, y del que proponía tantos ejemplos prácticos:
~Penitencia es sujetarse amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío.
Penitencia es el cumplimiento exacto del horario.
Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros.
Penitencia es soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada.
Penitencia es comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin importunar con caprichos.
En nuestra lucha diaria contra el desorden del pecado:
~Los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía son también unos momentos privilegiados. A través de estos sacramentos -verdaderas obras maestras del Señor- percibimos su buen hacer con nuestra libertad caída.
¡Qué alegría participar bien limpios en la Eucaristía!
Ama mucho al Señor; custodia en tu alma y fomenta, esta urgencia de quererle.
Ama a Dios, precisamente ahora, cuando hay tantos que no le quieren y le maltratan; o le descuidan, siendo incluso amigos suyos.
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