El prójimo y yo

12 de Abril del 2019 - Rafael Gutiérrez Amaro (SEVILLA)

En muchas ocasiones sucede que nos preocupamos demasiado de nosotros mismos y muy poco de los demás. Es como si los demás no existieran en nuestras vidas.

En muchos casos, debido a esto, vaciamos de valor nuestras vidas y nos convertimos en unos egoístas intrépidos que todo lo centran en el yo. Cuándo solo pensamos en nosotros, poco a poco todos los vicios se van apoderando de nosotros, nos convertimos:

~En avaros, en soberbios, en corruptos, en incumplidores, en estúpidos, en groseros, en desagradables, en murmuradores y calumniadores, en inaguantables, en irresistibles, en irrespetuosos, en personas con poco civismo, en personas ajenas a lo que sucede, en individualistas.

Y dejamos de ser, en su conjunto: personas, seres humanos, para convertirnos en animales, y no tan poco de compañía, que en nuestra situación ya sería mucho, si no en animales salvajes y dañinos.

Debido a esto llegamos a valer poco, a pesar poco, a ser poco, o mejor nada e incluso menos que nada.

Qué triste es vivir esta realidad qué ocasiona el desapego total de los demás; y desgraciadamente sucede:

~Entre padres e hijos, entre hermanos, entre compañeros, entre personas que comparten la fe, entre amigos.

Y en este ambiente estas personas todo lo agrian, pues su comportamiento crea:

~Tensiones, desconfianzas, incertidumbres, inquietudes, desalientos, desánimos y tristezas.

Estas personas convierten la vida en un desapacible lugar en donde la desolación, el mal ambiente, lo llena todo.

En estas situaciones:

~El amor sobra, el diálogo es imposible, la paz se altera habitualmente, la concordia se resquebraja, el tono amable pierde sentido.

¿Y Dios? Dios queda difuminado en un ambiente hostil y en un horizonte lleno de tinieblas inciertas, de males.

¡Es el egoísmo y la soberbia! No hay más. Es ese egoísmo y esa soberbia que han acabado con todo.

¿Por qué?: ¡Por qué, sin querer o queriendo!, los hemos dejado hacer y como siempre han hecho de las suyas y, en este mundo podrido, se han vengado sin piedad de nuestras vidas rotas e insolidarias.

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