Brillante carta
Si es verdad que "lo bueno, si breve, dos veces bueno", la carta de Juan Duyos, "Espléndido cartel", en LA NUEVA ESPAÑA del 11, con sus cuatro líneas y media rompe los baremos de calidad. Cumple además con lo de "a buen entendedor, pocas palabras". "Intelligentibus, pauca", que decían los neandertales cuando todavía se estudiaba latín en el bachillerato.
Lo de que "Llanes no tolera las agresiones sexistas" invita a una doble lectura. La primera, que sugiere Duyos, es que en Ribadesella o Colombres todo el monte sería orégano, puesto que ningún cartel prohíbe ese tipo de agresiones. La segunda, que en Llanes las agresiones no sexistas estarían toleradas puesto que el cartel no las menciona; y en democracia, lo que no está expresamente prohibido se considera permitido.
Lo de colocar carteles sin ton ni son debe de ser una de esas querencias que alguien tildó de "municipales y espesas". Del balcón del ayuntamiento de Parres colgó durante mucho tiempo uno que ponía "pido la paz y la palabra"; podía haber puesto "con diez cañones por banda", que allí mismo, en la Plaza del Cañón, tienen uno que le han puesto unas palomas de plomo encima. "¿Cañones y palomas? A ver si se aclaran" (sabio comentario del más joven de mis chicos).
El "Refugees welcome" de Madrid no cambió el destino de un solo refugiado, pero las teles del mundo pudieron propagar lo maja que es Dª Manuela Carmena. "Oviedo, ciudad moderna y monumental, atención a las señales de tráfico", así te recibía la capital hace más de medio siglo; los que movían el cotarro entonces estaban muy ufanos de haber instalado semáforos antes que los de Xixón. Volviendo del instituto, antes de entrar en la autovía a la salida de Colunga, pasaba ante un cartel que me gritaba "No te vayas"; y debajo, en letra más pequeña, no sé qué parida de la Consellería de Trabayu.
En Llanes, si en vez de carteles hubieran puesto en su día cámaras para el control de la especulación urbanística, otro gallo cantaría, y no el pollo de Alas de Aluminio que tuvo paralizada la autovía un cuarto de siglo. Lo documenta sin escapatoria Juan de Lillo en "Memoria del tiempo perdido: entre la corrupción y la crisis". Pero hablamos de carteles: llegando a Llanes domina el paisaje con imperio el toro de Osborne; tardan las feministas llaniscas o en quitar el toro o en poner una vaca.
Ramón Alonso Nieda
Fuentes, Arriondas
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