¿Qué fue del consenso de la Transición?
Los que peinamos canas sabemos, más por viejos que por ilustrados, que las modas van y vienen, que todo cambia para perpetuarse y que la historia se repite una y otra vez. Es lo que viene sucediendo en nuestro solar patrio desde hace algún tiempo. En aquellos primeros tiempos, que los historiadores denominaron la Transición, las ganas de cambio eran tan fuertes, y la certeza de que nos esperaban tiempos mejores, tan diáfana, que casi todos los ciudadanos que la vivimos hubiésemos firmado en blanco cualquier cambio por inverosímil que pareciera. Los políticos nos presentaron una Constitución, tan novedosa, tan surrealista, tan incomprensible e impensable que nos costó un mundo entender, es más, la inmensa mayoría no la entendimos. Aun así, los ciudadanos la refrendamos, pero hubiéramos aprobado cualquier otra Carta Magna, es decir, si nos hubiesen presentado una adaptación de "La Pepa" o la de la República o una copia de la francesa o la de USA, también la hubiésemos refrendado.
Durante varias décadas vivimos con la certeza de que había sido para bien. Pero como no hay mal, o bien, que mil años dure, desde hace algún tiempo se pone en duda su vigencia. Los catalanistas y vasquistas, porque no facilita sus aspiraciones de independencia, y los populistas y algunos otros -istas, porque no legaliza la destrucción de la propia democracia. Hasta aquí nada nuevo, es decir, nada que no se hubiese vislumbrado con el correr de los tiempos.
Un nuevo elemento vino a desestabilizar el teatro de operaciones que los dos partidos hegemónicos (PSOE y PP) habían concertado, de forma tácita, en el tablero político. Lo introdujo Zapatero con su ley de memoria histórica, que en realidad es una ley revanchista porque omite deliberadamente los miles de asesinados por la izquierda en tiempos de la República y durante la guerra (baste como muestra los asesinados en Paracuellos) y, como si nada de esto hubiese sucedido, solamente se preocupa de los asesinados por el bando nacional, haciendo responsable único de lo sucedido al franquismo; pretendiendo transformar la historia y borrar de ella a los personajes que no le fueran afines. Es como si los descendientes de los Comuneros quisieran borrar la historia de Carlos I por haberles vencido en Villalar. El Estado democrático no puede ni debe hacer distinciones con los muertos. Este primer nuevo elemento resucitó "el frentismo".
Otro elemento a tener en cuenta fue la pésima gestión del ínclito Zapatero haciendo caso omiso de las advertencias, que tanto instancias internacionales como los propios expertos nacionales, le advirtieron acerca de la crisis. Se limitó a endeudar al país más allá de lo razonable y su vileza y cobardía llevaron al país a la mayor crisis de la democracia. Este segundo elemento nos hizo ver la volatilidad del llamado "Estado del bienestar".
No quiero introducir la galopante corrupción del PP porque este elemento no era nuevo, es decir, la corrupción de la democracia la inició el PSOE y aunque se hable menos de ella que de la del PP, hoy día sigue manteniéndola de forma institucional con una red de clientelismo y enchufismo que se asemejan a la mafia. La muestra la tenemos en Andalucía. También es más que obvia la escandalosa corrupción de los catalanistas, vasquistas y de todos los partidos que se perpetúan en el poder.
A partir de aquí todo cambió y un nuevo elemento desestabilizador tomó cuerpo con el fenómeno de Podemos. La extrema izquierda marxista, hasta entonces marginal, se aprovechó y lideró el descontento general de la brutal crisis y disfrazado de "adalid salvador" creció y se multiplicó de forma colosal. Actualmente, debido a que una gran parte del electorado va conociendo sus reales motivaciones, se ha suavizado su primera irrupción. En ese momento el PSOE, en vez de convertirse en la socialdemocracia que le convirtió en hegemónico hasta entonces, se radicalizó al unirse incondicionalmente a la extrema izquierda. Esta decisión volvió a acentuar el frentismo.
El último elemento, según mi modesto criterio, lo tenemos en la aparición de un nuevo partido: Vox. No es más que la puesta en práctica del principio físico de acción-reacción. Los separatistas catalanes y vascos unidos a los populistas de Podemos y sus acólitos y la inexplicable radicalización del PSOE, que hace frente común con todos ellos, nos lleva al cambio de polarización PSOE-PP por la hasta ahora olvidada rojos-nacionales. Han pasado ocho décadas y parece que aún se oyen las sirenas antiaéreas. ¡Para este viaje no necesitábamos ni autonomías, ni Constitución! Los políticos nos llevaron al desastre en la República y nos están llevando al mismo sitio en la actualidad.
Como la culpable de todos los males parece ser la Constitución del 76, parece oportuno cambiarla, pero no en la dirección que algunos pretenden. Debemos ser los ciudadanos quienes artículo a artículo, en referéndum, decidamos la mejor Constitución para todos. Si seguimos en manos de esta pandilla de cantamañanas nos merecemos lo que nos pase. Y si los ciudadanos no le ponemos remedio, la Historia volverá a repetirse.
Eulogio Llanos Verdasco
Pola de Siero
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

