Una reflexión sobre el voto útil
Iniciada la campaña electoral de las elecciones generales, me gustaría abordar brevemente dos aspectos para decidir la concesión del voto personal a las formaciones políticas que a ellas concurren.
En primer lugar, la consideración del llamado "voto útil".
Todo voto es útil, puesto que contribuye a la plasmación efectiva del derecho democrático a participar en los asuntos públicos de la nación a través de la designación, aunque sea indirecta, de los legisladores; por consiguiente, a los ciudadanos nos toca elegir a éstos de acuerdo con los criterios que estimemos oportunos en relación con los programas que presentan, las ideas que los sustentan e incluso la índole o catadura moral de los que representan éstas y aquéllas. Esa ha de ser nuestra decisión personal.
La "utilidad" del voto otorgado ha de venir concretada y desarrollada por las facultades de diálogo y actuación de los elegidos, que han de saber, primero reconocer y segundo plasmar, las aspiraciones de los que, confiando en ellos, deseamos ver cumplidos nuestros deseos en relación con los temas que nos preocupan. Sobre ellos, pues, recae la obligación de responder a la confianza otorgada por los votantes a su capacidad de discernimiento, negociación y, al final, decisión sobre las políticas a desarrollar. Son ellos, pues, los responsables de que nuestro voto no se vea "inutilizado" por su mala política o su inacción.
Sentado lo anterior, creo, en segundo lugar, que hemos de decidir nuestro voto en base a la coincidencia de los programas, declaraciones, promesas, actuaciones de los partidos y también de las personas representantes de los mismos (respecto a éstos, qué nos muestran de sus vidas privadas, pues quien desgobierna su casa, mal ejemplo puedo ofrecer para confiar en él) que a las urnas se presentan.
Al respecto de comparar lo que nos preocupa con lo que los partidos muestran, para decidir nuestro voto, creo que se pueden distinguir, hablando en términos muy generales, tres ámbitos de opinión: la idea política de España como nación; el enfoque socioeconómico para afrontar nuestros presente y futuro; y la consideración de la persona como sujeto de derechos, su protección jurídica y la de la familia como ámbito nuclear fundamental de su desarrollo. Sin estar expresados en orden de importancia, sí que entiendo que pueden resumir los diferentes pensamientos que las opciones políticas muestran.
En cuanto a la política española, sin ánimo exhaustivo, es necesario comparar las posiciones relativas al separatismo, no sólo en relación con Cataluña sino con el País Vasco, Baleares, Valencia, Galicia; aplicación del artículo 155 de la Constitución en una extensión competencial y temporal efectivas; modificación de la ley electoral para atender a la implantación territorial de los partidos políticos; redefinición de competencias autonómicas en materia de seguridad, educación, sanidad, infraestructuras; educación, con la opción de normalizar los estudios en castellano en todo el territorio español.
La visión socioeconómica nos debe llevar a estudiar los puntos relativos a la concepción del sistema de Seguridad Social, fundamentalmente en lo que a pensiones se refiere; su carácter exclusivamente público, privado o la coordinación entre ambos; la política fiscal, cómo entender la imposición directa, IRPF y Sociedades; mantenimiento o derogación de los impuestos de sucesiones y actos jurídicos documentados; definición de políticas energética y de aguas nacional; financiación de partidos, sindicatos, asociaciones.
Las propuestas relativas a la persona, sus derechos desde la concepción hasta la muerte, nos mostrarán qué papel entiende cada partido que hemos de desempeñar los ciudadanos, qué tipo de sociedad queremos construir, cuáles son los límites que el aparato estatal no puede traspasar con relación a nuestras creencias: el derecho a elegir la educación de los hijos conforme a aquéllas; el rechazo a la imposición estatal de una antropología no compartida; las derivaciones y consecuencias de la opción por una determinada ideología ( la de género que pretende introducirse como dogma de los principios democráticos), para evitar el tratar "lo corriente" como natural...
La reflexión sobre estos puntos y cualesquiera otros que consideremos importantes los ciudadanos, nos darán la indicación de cuál ha de ser nuestro voto que, insisto, siempre será útil con tal de que los representantes designados estén a la altura de la misión que los españoles les encomendamos.
José Luis Lafuente, doctor en Derecho, abogado
Oviedo
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