Seducidos por la muerte
Hace pocas fechas, nos dábamos de bruces con el caso dramático de Mª José Carrasco (Q.E.P.D.), enferma durante tres décadas, de esclerosis múltiple, a la que su esposo, Ángel Hernández, ayudó para acabar con su vida.
Es un hecho que este caso ha reintroducido la eutanasia en el debate electoral, y sabemos que dos partidos progres, PSOE y Podemos, son partidarios, por lo que parece inminente su aprobación.
El paso siguiente será poner la barrera entre lo correcto y el exceso. ¿Quién es el dueño de la vida de una persona? ¿Quién decide que ha llegado la hora de la muerte para un enfermo terminal? ¿Los médicos, la familia, el Estado, el propio paciente?
En este contexto, hemos de recordar lo que todo el mundo sabe, y no es una leyenda urbana: Los ancianos, en Holanda, huyen despavoridos ante la posibilidad de ingresar en un hospital, convencidos de que si entran, ya no saldrán con vida.
Item más, Herbert Hendin, autoridad mundial en psiquiatría y psicoanálisis, en referencia a lo que llama el "tratamiento holandés", describe e ilustra así la secuencia:
"Holanda ha pasado del suicidio asistido, a la eutanasia; de la eutanasia para personas con enfermedades terminales, a la eutanasia para personas con enfermedades crónicas; de la eutanasia para enfermedades físicas, a la eutanasia para aflicciones psicológicas; y de la eutanasia voluntaria, a la eutanasia involuntaria. Los partidarios de la eutanasia están diciendo que si hay diez casos en los que la eutanasia es adecuada, deberíamos legalizar una práctica, que puede causar la muerte inadecuada de miles de personas".
Conclusión, hay muchos grupos potencialmente vulnerables a los abusos que aguardan al final de la pendiente resbaladiza de la eutanasia: los ancianos, las personas con discapacidades, los pobres, las minorías, y las personas con trastornos psiquiátricos. Podemos empezar por los terminales que no tienen solución, y terminar por los mayores de 52, que no tienen trabajo y son improductivos. Acojonante ¿no?
Más claro parecen tenerlo tanto la Asociación Médica Mundial (AMM), como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se oponen a la eutanasia, por ser "contraria a la ética".
Ahora bien, ¿es una medida humanitaria, es ética, es política o es, única y exclusivamente, económica?
Bill Gates cree que somos demasiados, y "si hacemos un buen trabajo con nuevas vacunas, atención médica, servicios de salud reproductiva, podríamos reducir la población tal vez un 10 o 15 por ciento".
Taro Aso, ministro japonés, pide a los ancianos que "se den prisa en morir", porque son un gasto para el Estado.
La Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente (DMD), que en nuestro país aboga por la despenalización de la eutanasia y el suicidio médico asistido, pide a sus socios (7.000, actualmente) que le dejen su herencia antes de morir, para financiar sus actividades (vaya, justo ahora).
El cui prodest (a quién beneficia) señala directamente a gobierno (gastos sanitarios y pensiones), residencias (ancianos sin herederos), aseguradoras, funerarias, etc., etc.
Con estos precedentes ¿les parece que urge una ley de eutanasia?
Y ya puestos ¿qué viene detrás de la eutanasia? Efectivamente: la eugenesia.
Seguro que recuerdan al histórico personaje, de infausto recuerdo, que promulgó la ley para la "prevención de la descendencia con enfermedades hereditarias".
Sí, un tal Adolf Hitler propició con esa norma "eugenésica", la esterilización forzada de todas aquellas personas que padecieran trastornos mentales o neurológicos, ceguera, sordera, malformaciones o alcoholismo.
También conocemos las consecuencias: 400.000 ciudadanos alemanes arios, esterilizados; y millones de judíos y otras etnias, exterminados, en los campos de concentración.
En cualquier caso, con todo el respeto a quien piense distinto, y más respeto aún, a los pacientes y familiares que viven esta situación, yo estoy con los progres; estoy a favor del aborto y de la eutanasia.... para los progres, claro.
Para el resto (a falta de mejor información y garantías), entiendo suficiente la Ley de autonomía del paciente, el testamento vital o la sedación paliativa.
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