Manos que nun dais, qué esperáis
El domingo 21 de abril, leyendo como cada mañana LA NUEVA ESPAÑA, al llegar a la sección de Cartas me llamó la atención una en especial, por la ocurrencia de su autor en comparar, en cierto modo, el trastorno bipolar (enfermedad que, por desgracia, padecen cada vez mayor número de personas) con los vaivenes de la economía.
No está mal la ocurrencia, y al hilo de ella se me ocurre llevar el mismo ejemplo a la política. ¿Cuántos subidones y caídas vamos viendo y vivido en ese campo? ¿Quién nos iba a decir hace apenas unos meses que el señor Sánchez estaría donde hoy está y posiblemente seguirá estando? ¿No es esto también una especie de efecto de trastorno bipolar? Yo no sé si acaso soy el más raro espécimen del rebaño ibérico o qué es lo que pasa, pero no entiendo nada. Llevo un tiempo tan desencantado de los políticos que al final opto por abstenerme, cosa que digo para exponer mi postura, pero no para dar escuela a nadie de lo que cada cual debe hacer; estamos en democracia y cada cual es libre de hacer con su voto lo que considere oportuno o le venga en gana, pero sí digo que si siguiera votando, al último que se me ocurriría votar es precisamente al señor Sánchez, a pesar de que todas las encuestas le dan por ganador. ¿Qué puede ver en este hombre la gente a la que preguntan los encuestadores para que, según encuesta tras encuesta, sea el candidato preferido y posible ganador de las elecciones del 28 de abril?
Cuando pienso en ello me acuerdo de una frase que mi madre (q.e.p.d.) decía con frecuencia en su bable de mi Mieres natal y el suyo, y que era la siguiente: "Manos que nun dais, qué esperáis". Efectivamente, nada se puede esperar de quien no da nada. El PP, por necesidad de la desastrosa economía recibida (como ellos dicen), por imposición de la UE para evitar la intervención del país, o por tacañearía, y quizás por la maldad de la que le tildan sus oponentes, nos sometió a recortes de todo tipo, entre ellos el de la mísera subida de las pensiones en un rácano y despreciable 0,25% a más de nueve millones de pensionistas (menudo semillero de votos perdidos), que, con todo, siempre era algo más que la congelación a que nos sometió el señor Zapatero, y de lo que según parece ya pocos o nadie se acuerda, y los socialistas bien se encargan de silenciar. Por el contrario, el señor Sánchez, en plan grandón y emulando a Superman, parece querer demostrarnos que este país es una especie de Jauja, en la que el dinero nos sale hasta por las orejas y podemos permitirnos todo tipo de despilfarro y cuantos caprichos se nos antojen, que ahí está él para hacer cumplir nuestros deseos. Como entre tanto resulta que el dinero sigue siendo de papel y no de goma para poder estirarlo, pues lo único que se estira y aumenta de tamaño es nuestra deuda pública y el déficit de nuestra economía nacional, que Dios sabrá quiénes tendrán que pagar las consecuencias de nuestra irresponsabilidad demostrada, al poner, según mi opinión, las riendas del país en manos de personas tan poco de fiar e irresponsables, que demuestran no importarles las consecuencias de sus irreflexivas acciones con tal de seguir ostentando el poder y hacer del país y sus paisanos lo que les venga en gana, como quienes se dice que hacían de su capa un sayo. Por todo lo expuesto, tal parece que el país entero está sufriendo los efectos del mencionado trastorno bipolar; y si el diagnóstico es acertado, en mi opinión, falla la terapia, pero lo malo es que no solo sufriremos los pacientes actuales los efectos de este terrible mal, sino nuestros inocentes descendientes, que a todas luces serán quienes tendrán que hacer frente a nuestras deudas como ciudadanos de un país en quiebra. ¡Ojalá me equivoque!
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