Ser jefe

28 de Abril del 2019 - Aladino Fuertes Valdés (La Felguera)

Muchas veces a lo largo de nuestras vidas nos encontramos con esta palabra, "jefe"; ya desde bien niños cuando nos preguntaban qué queríamos ser de mayores, no decíamos ser médicos o abogados, lo primero que nos salía de nuestros labios era que queríamos ser jefes, las personas mayores preguntaban entonces cuál era el motivo de nuestra decisión y nosotros como niños pequeños que éramos nuestra respuesta era simple y llana, diciendo que lo que deseábamos era tener personas en las que pudiésemos mandar y nos obedecieran sin rechistar, nuestra segunda alegación era porque así nos sobraría el dinero y podríamos realizar todos los sueños que deseáramos, que fácil nos resultaba ver la decisión acertada, todos pensábamos lo mismo.

La vida da muchas vueltas y un 99,99% no llegamos a nuestro dorado sueño de la infancia, nuestras vidas han transcurrido siempre subordinados directamente a algún jefe, buenos o malos, hay de todo, en todos los empleos que nos podamos imaginar, pero por encima de estos jefes hay otros, los cuales son los que en nuestros sueños de la niñez ansiábamos ser, jefes de jefes, pudiendo hacer y deshacer así a su antojo. Durante toda mi vida laboral he trabajado bajo la dirección de estos jefes de jefes y también he encontrando entre ellos buenos o malos jefes o, mejor dicho aun, buenas o malas personas, nuestros puntos de vista suelen ser muy distantes, puesto que sus intereses son muy distintos de los míos aunque coincidamos en muchos, claro está, si de verdad te interesa que todo vaya hacia delante, por el bien de la empresa y el tuyo propio. Llegado el momento de solicitar de ellos algún favor personal por necesidad, algunos te dan la espalda diciéndote que no es de su incumbencia o más bien alegando que no se puede hacer nada por echarte una mano, simplemente por no preocuparles en la situación en la que uno se encuentra, puedo decir muy sinceramente que a lo largo de mi vida laboral me encontré con dos jefes, mejor dicho con dos buenos jefes, o mejor aún, me encontré con dos buenas personas, que comprendieron los problemas o las situaciones de alguno de sus trabajadores, uno de ellos ya fallecido respondía a las iniciales de C. A. y el otro A. Ll. Personajes que aparte de ser dos empresarios asturianos eran también en el fondo personas, normales y corrientes con los mismos problemas y pensamientos como cualquier ser humano de esta tierra. A veces es bueno bajarse de los grandes sillones y aprender a escuchar, los problemas personales de ser trabajadores.

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