Pueblos anti sociedad
Ya no sabemos vivir en convivencia con los demás, la vida en sociedad solo tiene el compromiso del trabajo y la conformidad vacacional y del ocio. Acabada la jornada laboral o de diversión consigo mismo se vuelve para su casa. Esa casa que antaño eran paredes, balcón, ventanas y puertas abiertas al resto de la vecindad, ahora se convirtió en un bunker familiar, donde alrededor solo hay aislamiento con el exterior, acorralados por ellos mismos, incomunicados por empalizadas opacas que no dejan lugar a ninguna mirada exterior y del interior. Propiedad que, con esas empalizadas de hormigón o pinos tupidos está ofreciendo a la vecindad rechazo, que no husmee nadie en su palacete. En vez del cartelito de "perro muerde" podría colocar "vecino nada acogedor"
Lo percibimos todos en cualquier zona rural o pueblos seducidos por la modernidad de las urbanizaciones. Esas urbanizaciones que propagan el aislamiento de vecinos que no se conocen entre sí. Nadie les pida ni azúcar, algo que les ayudaría a endulzar su carácter y repensarse salir y dejar entrar en esas fortalezas con la que todos cercan su vivienda. Dando por hecho y comprendido que quieren una vida aparte de sus vecinos, solo queda desearles feliz reclutamiento.
Tengo la inmensa suerte y experiencia agradable de haberme criado en un pueblo, por aquel entonces maravilloso. Los lugares los hacen hermosos y acogedores sus gentes. Boo, en aquellos años estaba repleto de buena gente y entretenida vecindad. En Boo, el límite de tu vivienda lo marcaba la pared, la ventana, el balcón o la puerta del vecino, nadie se escondía de nadie, todo lo contrario, las gentes convivían felices entre todos ellos a pesar de las necesidades de antaño.
En mi actual parroquia de los últimos 41 años: Villamiana y sus alrededores, sin darnos cuenta, con la bonanza económica vivida años atrás, se fueron rehabilitando viviendas y fincas, edificando nuevas y al estar a poca distancia del centro de Oviedo, era goloso comprar para edificar el chalecito en forma de fortaleza cayendo en el error de convertir la zona en una urbanización asocial y repleta de cierres que debieran estar prohibidos por antiestéticos y anti relaciones humanas. Los mismos vecinos, sus hijos fueron también cayendo en esa plaga de aislarse del exterior. Entran y salen del portón en coche, no salen del coche no vaya a ser que tenga que darle conversación a algún vecino. Y si fuera poco, se rodean de perros de buen tamaño que dejan sueltos o atados por dentro de la empalizada pensando que les defenderán la propiedad, cuando solo dejan al descubierto los miedos que esconden sus dueños.
Un amigo de mis hijos edificó en el pueblo, me extrañaba ver la finca abierta, a mí no me gustan las fortalezas, tal parece que están sitiados, cuando son ellos los que sitian a los demás. Pues el otro día observé que plantó alrededor de la casa pinos para en tres meses quedar aislado cómo los demás. Le decía a un hijo ¿por qué lo hace? me dice que para que no les vean los que pasan por la carretera ¡curioso, verdad! no quieren que se les vea ni siquiera por la finca de alrededor de la casa, ya que cómo le dije al hijo, si quieren intimidad dentro de casa es el lugar apropiado.
En muchos países prohíben esta forma de propiedad fortificada, y créanme, está más agraciado el entorno, la vida en sociedad se hace más amena y obligada. Luego ocurre lo que vemos a diario por estas zonas, que los cacos y amigos de lo ajeno ven estas fortificaciones y se piensan que tienen algo que guardar, y solo es cuestión de esperar la oportunidad que dejen sola la finca, para entrar y robar, desde fuera nadie les verá y sentirá, aunque les vieran, los vecinos no saben si son los propietarios los que se roban así mismos ¡no los conocen!
Esto ocurre en todos los pueblos, en mayor medida en los próximos a las ciudades de donde provienen muchas familias acostumbradas a la anti sociedad y solo al saludo en el ascensor.
Ahora con las nuevas tecnologías nos convertiremos en sociedades exclusivamente asociales.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

