Muere la resurrección
Llega el día 21 de abril, y como cada año, después de la Semana Santa celebramos de una manera especialísima, y llenos de ilusión y felicidad, la resurrección del Señor. El acontecimiento más importante para el cristiano. Llega, con él, el cumplimiento de la gran promesa. San Pablo dijo que sí Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe.
Pero junto a ello, un acontecimiento convulsiona el mundo. Varios atentados, 8 en total, tienen lugar en Sri Lanka, 2 de ellos en concreto en Iglesias Católicas, 1 en Iglesia Evangélica y otros en Hoteles. Este macro atentado causa la muerte de al menos de 300 personas y deja, al menos también, 500 heridos.
Sin lugar a duda una gran masacre humana y espiritual. Al menos una parte iba dirigido contra los católicos que en aquel país suponen solo un 7%, el resto: son budistas, islamistas, hindúes....
De este atentado hay muchas imágenes que son impactantes, inhumanas. Son imágenes que dejan el corazón encogido y el alma dolorida y triste. Los cuerpos mutilados aparecen por todos los lugares de aquellas iglesias y hoteles. Pero hay dos fotos que me llamaron especialmente la atención por su significado.
Una la de un Cristo resucitado con el cuerpo salpicado todo de sangre, un contraste que nos demuestra una vez más que junto a la luz de Dios está la tiniebla de la oscuridad más plena y absoluta.
Y la otra foto, la de cuatro niñas muertas con su traje blanco porque habían recibido, o iban a recibir, por primera vez la Sagrada Comunión. De nuevo, como digo, la muerte entremezclada con la vida más plena. Aquel traje inmaculado tristemente iba a servir a aquellas niñas de sagrada mortaja.
Aun ahora cuando pienso en ello siento la extrema convulsión de mi alma; y una tristeza decepcionante invade mi ser:
¿Cómo es posible Señor? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible tanto dolor en un momento de inmensa alegría como este?
Aquella gente, pobre, sencilla, con una fe férrea celebraba la resurrección y la vida, y se encontró con la desolación y la muerte.
Es la cara y la cruz de nuestra vida. Es la evidente sinrazón de unos acontecimientos que en tantas ocasiones suceden desgraciadamente por la intolerancia de unos seres humanos abominables y llenos de maldad. Es el caos existencial. Es una atrocidad sin límites.
Si siguiéramos analizando las otras fotos nos llenaríamos de pavor, pero me quedo con esta muestra que evidencia que antes de la resurrección Jesús tuvo que sufrir también la incomprensible experiencia de la Cruz. Tampoco quizás este hecho lo entendamos, pero es así. Cristo para resucitar y para hacernos acreedores de nuestra propia resurrección muere. Y a estas más de 300 personas a través de esta muerte ignominiosa y cruel también les llegará, si Dios lo permite y si estaban preparados -que así esperamos que haya sucedido-, la resurrección, la vida, el gratísimo encuentro, el triunfo definitivo, la alegría plena, el galardón, la dicha, el sabroso y eterno banquete.
Y para terminar estas palabras de san Josemaría, fundador del Opus Dei, en el punto 691 de Camino:
¿Estás sufriendo una gran tribulación? Di, muy despacio esta oración recia y viril: "Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. -Amén. -Amén." Yo te aseguro que alcanzarás la paz.
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