No hay daño que no tenga apaño
Un día de la pasada semana mi móvil se vino abajo. No lo he tirado, no. Se cayó el pobre de una pequeña altura, sin embargo, esta vez se quedó sordomudo y con la pantalla hecha añicos. No hubo manera de recuperarlo. Los técnicos hablaron: "...treinta euros por la pantalla y, luego, ya veremos por el resto". ¡Menudo disgusto!
Vista la complicación para recuperar al siniestrado y sintiéndome un hombre moderno y avanzado me compré por internet uno similar al mal logrado. Me dice el vendedor que en mes y medio lo tendré en casa. No tengo mucha prisa por él ya que, entretanto no me llega el nuevo, usaré uno viejo que me encontré en un cajón y que solo sirve para llamar y para que me llamen. Cuándo llevaba un solo día sufriendo el síndrome de "sin teléfono inteligente", sentí dentro de mí un desasosiego que hasta ahora nunca me había invadido. Ese desasosiego me empujó a pensar: "¿Qué pensarán mis amigos que no recibirán de mí en mes y medio chistes y charadas como las que hasta ahora les enviaba y me correspondían? Y los que están en facebook, ¿qué dirán ahora al no verme navegar con ellos? ¿Cómo voy a enterarme de las noticias por el Twitter? ¿...y mis fotos en Instagram. Dónde podré verlas ahora? ¿Cómo saber las predicciones del tiempo?, ¿o cómo conocer ipso facto los resultados del Oviedo o el Sporting? ¿Con qué me guiaré cuando vaya en coche a un lugar desconocido para mí? ¿Tendré que volver al viejo despertador que tenía arrinconado? ¿Cómo voy a contar los pasos de mis caminatas?, ¿cómo he de saber los aviones que están volando y los barcos que singlan por el mar? Y lo peor, ¿cómo voy a hacer para entretener con dibujos animados a mis nietos mientras comen?..." ¡Uf, vaya lío!
Ahora que mi móvil ha pasado a mejor vida y me veo liberado de él, dispongo de mucho tiempo para observar a los humanos que lo van usando en todos sitios. Observo a parejas sentadas en la misma mesa acariciando cada uno a su maquinita. Contemplo a los que van caminando con sus auriculares conectados que les impiden oír lo que pasa a su alrededor? También puedo esquivar a los que parece que, con su móvil entre manos, vienen directo a embestirme por la calle. Me atemorizan aquellos que lo manejan al tiempo que conducen. ¡Qué cosas! ¿A dónde vamos a parar con todo este desenfrenado uso del aparatito?
Raro es ver a nadie portando un libro y menos leyéndoselo. Solo veo teléfonos y más teléfonos pululando de uno a otro lado. Hasta sueño que, poco a poco, destrozan familias y amistades. ¿Qué dirían de todo esto si levantaran la cabeza los que se fueron hace solo unos años?
La idea de no comprarme otro me vino tarde, es decir, después de haberlo pedido. Ahora mi conciencia no para de machacarme diciéndome: "¡Todavía has comprado el último hace unos meses y ya lo has vuelto a destrozar! ¿Vas ahora y te gastas casi otros doscientos pavos para comprarte otro? ¡Qué vicio tienes! ¡Qué poco respeto por el Planeta Tierra! ¿No te das cuenta que las baterías que quedan por ahí son un contaminante muy peligroso? Mira, para que te enteres, un estudio realizado por la Facultad de Ingeniería de Surrey cuenta que con la sola batería de un teléfono móvil se pueden contaminar 600.000 litros de agua (¡Qué barbaridad! A juzgar por los móviles que he gastado yo debo de haber contaminado más de 8.000.000 de litros. Pero no ha sido por culpa mía, sino de la empresa que empezó a facilitármelos cuando yo, hace muchos años, trabajaba para ella y querían tenerme controlado). El mismo estudio nos cuenta que cada teléfono de gama alta libera unos 95 kilos de CO2 a la atmósfera (y pensar que yo contribuí a liberar más de una tonelada de ese gas letal, ¡qué horror!). ¿Sabes que cada maquinita de esas contiene unos 40 materiales tóxicos, como arsénico, zinc, plomo, cadmio o mercurio, que van a parar a ríos y mares o a las entrañas de la tierra y al cabo de un tiempo regresarán para meterse en nuestros organismos? Parece ser que dentro de los teléfonos móviles no todo son materiales ponzoñosos, también hay riqueza: oro, plata, coltán, estaño, paladio... (¿será para compensar?). Hay quien dice que con 50 de ellos se podría obtener el oro suficiente para hacer un anillo de boda!" (qué pena!, si no me hubiese desprendido de todos los acabados podrían ayudarme ahora a renovar mi vieja alianza).
Después de todas estas reflexiones, por un lado está mi mente conocedora de las distintas alternativas que te dan los móviles para moverte por este mundo a la vez que te ayudan a ponerte a la altura de cualquiera de los mortales más modernos y avanzados. Ella me tienta invitándome a seguir comprando celulares cada vez más modernos y capaces de mantenerme al día en cualquier tema que desee y con cualquier humano por lejos o escondido que esté.
Y por el otro, está mi corazón junto con mi alma. Ambos, desde que no tengo el móvil a mano, están aliviados e invadidos por una paz y una satisfacción interior difícil de explicar (ahora entiendo el permanente relax de mi amigo José María que no tiene móvil. Se lo compró a su mujer el muy pillo). Entre pitos y flautas, yo perdía diariamente más de dos horas atendiendo al aparatito en cuestión. Horas de las que ahora dispongo y que me permiten poder leer tranquilamente y de pe a pa LA NUEVA ESPAÑA, además de algún libro que antes no cataba. Me siento feliz, de verdad.
Cuando dentro de un tiempo reciba en mi casa el ya no ansiado móvil pedido, espero no cambiar de acuerdo y contar con la suficiente valentía y amor propio para devolverlo a su origen sin contemplaciones, con la experiencia de que sin él viviré mucho mejor. De momento les pido a ustedes que se pongan en mi caso y comprendan el galimatías en que estoy metido, originado por la falta de ese cuarto cubierto que es el teléfono móvil.
Por si usted amigo lector pasó, o puede a pasar algún día, por las calamidades que yo sufro por culpa del teléfono móvil, dentro de un tiempo procuraré acordarme de contarle el camino que al final he tomado con este asunto tan delicado. Cuando llegue ese momento, espero sentirme iluminado y no flaquear para actuar como ahora pienso y hacer bueno aquello de que "no hay daño que no tenga apaño".
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

