Andrés Montes, ese hombre
Andrés Montes, ese hombre llamado por la diosa cultura a romanizar astures y ejercer el periodismo en clave pedagógica universal, se atreve, como no, a establecer el perfil político de Sánchez en relación a lo que su ideario convierte en los cuatro años más convulsos de la política española desde la Transición, período sustanciado de modo formal (el ruido de sables mediatizó la ruptura con el pasado franquista), a los que Pedro contribuyó decididamente agitando la coctelera del desorden político. Se olvida Montes, no sé si intencionadamente para darle al argumento licencia hiperbólica, de los años de exaltación independentista y alboroto vasco, las matanzas de ETA y los crímenes de estado. Esto sin entrar en el pequeño detalle de la manipulación política que de las víctimas del terrorismo hicieron unos y otros. Por medio, la Iglesia vasca meneando el cotarro.
Y ya metido en el olvido, el señor Montes, también margina la influencia perturbadora de la política reaccionaria que en materia policial construyó el entonces ministro de Rajoy y miembro de La Obra, don Jorge Fernández Díaz, como principal actor de las llamadas cloacas del Estado. Todo vecino recuerda, excepto don Andrés, cómo se forjaron falsedades en contra de un partido político que podría haber dado estabilidad a la gobernabilidad de España.
Y ya instalado definitivamente en el olvido, Andrés Montes obvia la larga historia de corrupción a la que contribuyó generosamente el partido Popular, primero de Aznar y después de Rajoy. Pero claro, esto no traspasa la frontera del anecdotario, no contribuye al deterioro social y económico.
Y para concluir, que no para finalizar, a la ideología socialista le cae encima, como una losa, un traidor a la causa de izquierdas llamado Javier Fernández, fiel escudero de Susana Díaz, a quien Dios acompañe sin mayor ruido a su otra vida fuera del interés público. Felipe González y Alfonso Guerra, este último amigo íntimo de José Ángel Fernández Villa, por nombrar dos sobresalientes del histórico socialista, tampoco contribuyeron a la pasión política según san Andrés Montes. Solo Pedro Sánchez es el primer y último culpable de lo acontecido en la pasada legislatura. La teoría de la desmembración del Estado y la quiebra constitucional por parte de Pedro Sánchez, procedente del vocerío más obsceno de la derecha global, cuando solo trataba de poner cordura en un problema territorial de máxima gravedad, fue ampliamente rechazada por las urnas. Esto tampoco hace reaccionar y reflexionar a don Andrés.
Cuando un periodista, analista de la situación política, emplazado a practicar la veracidad descriptiva de la historia reciente, se deja llevar por sus intereses partidistas, puede suceder, como le sucede al aquí aludido, que el escrito le salga falto de credibilidad y quiero recordarle a don Andrés, que la credibilidad es el principal patrimonio del profesional de la comunicación.
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