La fe de Pablo
Dicen que los primeros cristianos estaban tan convencidos de la inminencia de la Parusía (segunda venida de Cristo) que algunos ni se casaban pensando que no merecía la pena. Luego, viendo que la Parusía se hacía esperar, entendieron que a los que se casaban y atendían sus negocios terrenales los acontecimientos (o más bien la ausencia de ellos) les estaban dando razón. Que la esperanza era una virtud a largo plazo, no un pretexto para desentenderse del presente.
Algo parecido puede estar pasando con la gente de Podemos, versión secular del Pueblo Elegido para redención de la humanidad hispana. Irrumpieron, fervientemente arrebatados, "al asalto de los cielos". Cuatro años más tarde hablan ya, con calma, de "negociaciones muy discretas" para entrar en "un gobierno de coalición". La lava incandescente se ha ido enfriando ladera abajo, antes de rendirse a la mar que es el morir.
Lo que Iglesias entendía por cielo lo había dejado claro aquella vez que, al salir de la Zarzuela, hizo inventario de los ministerios con que se quedaba en el reparto con Sánchez. La jugada no cuajó y el asalto a los cielos siguió siendo la teología de consumo en la catequesis de Podemos. Pero ocurre que los fieles suelen ser más crédulos que su profeta. El profeta y su cónyuga decidieron por su cuenta que el asalto de los cielos podía esperar y que en este valle de lágrimas, con suerte y cara, se pude encontrar un pasar más que pasable.
Que en Galapagar, en un chalet con jardín y piscina, se vive con más holgura que en una vivienda social en Vallecas. Que a los guardias es mejor tenerlos de escoltas que andar con ellos a patadas. Que el cielo bien vale una misa. O sea, un par de ministerios, cuando no hay huevos hogaño en los nidos de antaño; porque, de los votos, les queda la mitad. Sin un par de ministerios el Podemos de Pablo es un querer y no poder; un pegote del PSOE. Una costra más en el costado de la izquierda; como esa IU del mindundi de casino que atiende por Garzón.
Puede que la explicación verdadera sea la más simple: que Pablo ha perdido la fe. Vaya por Dios. O que, llamándose Pablo Iglesias, todo lo predestinaba a ser acendrado creyente: para muchos historiadores, Pablo fue el fundador del cristianismo, e Iglesias, huelga decirlo, es plural de Iglesia.
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