A un gran entrenador, a un gran señor: Anquela
Al enterarme el lunes de la marcha de Juan Antonio Anquela lo primero que se me puso fue un gran nudo en la garganta. A muchísimos socios y aficionados quiero creer que les pasaría lo que a mí misma. Otros… quizá no estuvieron a su lado nunca. Es muy difícil que al unísono estemos todos de acuerdo con un entrenador. Una tarea más que difícil la de ser entrenador. ¿Algo va mal? El entrenador no vale, no arriesga. ¿Algo va peor? A cambiar al entrenador.
¿Y los once jugadores que salen al césped? Todos y cada uno de nosotros tenemos a nuestro jugador preferido y a más de uno. Unos chillamos a uno de “matado” y otros alabamos al que nos parece o parecen que mueven más al equipo.
Es el gran club del Real Oviedo, una afición de primera. Por ello lamento que este enorme entrenador que casi se queda sin cuerdas vocales, que lo intentó todo dejándose la piel y garganta y decían que si no arriesgaba en cambios, que si era cobarde... Tengo que dar un puñetazo en la mesa donde estoy escribiendo y decir con claridad “que sabe más de lo que nosotros creemos” y que quizás se vio obligado, que no por capricho, a sacar a jugadores fichados.
¿Cómo persona? Un señor, un humilde señor. Siempre concediendo en prensa, alabando al contrario paro no sentirnos ni “grandones ni babayos”.
Tuve y gocé de la gran suerte de conocerle y siempre me demostró cercanía, amabilidad, escuchando cualquier sugerencia que quisiera hacerle (desde mi ignorancia) con la mayor atención y valoración.
Por ello, señor Anquela, se va usted por la puerta más grande del Tartiere, del Requexón y sobre todo de la ciudad de Oviedo.
¡Le encanta la pista finlandesa!
-Aquí le esperará
¡El verde de Asturias!
-Aquí le esperará
La ciudad y la afición de Oviedo.
-Aquí le esperaremos
Esta es su ciudad y su casa y más de la afición que usted se cree le decimos hasta siempre, qué pena me da que le hayan dicho algunas barbaridades.
Mucha suerte, Señor Anquela. Con todo cariño.
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