Comité de moteros de buenas costumbres
El pasado sábado 4 de mayo, a eso del mediodía y a la entrada de la localidad de Sevares, dos parejas de motoristas me adelantaron y posteriormente se detuvieron en un control de la Guardia Civil para comunicar que a causa de las bicicletas que yo transportaba en un portabicis trasero no era posible ver uno de los números de mi matrícula.
El agente que me dio el alto cuando los moteros se iban a toda prisa y yo pudimos comprobar que era cierto, me limité a desmontar una de las ruedas y el asunto quedó resuelto en menos de cuarenta segundos. Nada que objetar desde el punto de vista que yo cometía una infracción, en cuanto a la catadura moral de los chivatos de las motos ya es otro cantar.
No alcanzo a entender ese alarde de abnegación vial. No hubo en ningún caso peligro alguno, las bicicletas iban a todas luces correctamente amarradas y señalizadas, ni siquiera se dio el caso de un estorbo, alteración del tránsito o disputa entre tan ejemplares ciudadanos y yo. Estas personas se tomaron la molestia de detenerse ante un agente para advertirle que no se veía el primer número de mi matrícula. Supongo que tan diligente escrúpulo llevará a estas personas a tardar infinito en llegar a su destino, denunciando aquí y allá a todo bicho viviente.
Insisto, no alcanzo a comprender ciertas actitudes, quizá se trate de vidas vacías, un aburrimiento frustrante que lleva a uno a hacer esas cosas, o acaso un cabreo por los últimos resultados electorales, quién sabe. Puede ser que se trate de un recién egresado de la loca academia de policía que haya decidido solucionar en pocas semanas los problemas del mundo desactivando comandos terroristas y cárteles de traficantes, desfaciendo agravios y entuertos aunque, a diferencia del Ingenioso Hidalgo, sin dar la cara y huyendo como conejos para no enfrentarse a otros. Porque, digo yo, si tan grave les pareció el hecho como para tomarse la molestia de cascarlo, no veo el motivo de haberle dicho al agente: quiero poner una denuncia a requerimiento a este conductor porque la ocultación de ese número de la matrícula me causa un tormento infinito. O algo así.
Para acabar, una confesión; dado que el incidente fue tan inmediato, pude repasar los momentos anteriores que de otro modo hubiera olvidado como otro percance más de una mañana de tráfico en las carreteras. Estas dos motos nos adelantaron a la entrada de una población, rebasando de largo la velocidad permitida, amontonadas, sin respetar la distancia ni entre ellas mismas ni la separación lateral con respecto a mi vehículo y a continuación se reincorporaron al carril derecho cerrando mi marcha obligándome a frenar. En fin, un adelantamiento de mierda. Ahí lo dejo.
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