El feminismo no consiste en luchar entre nosotras
Sin querer negarle la importancia, histórica y actual, al movimiento feminista, sí que me gustaría tener la oportunidad de realizar aquí un breve apunte al respecto.
De la misma manera que parece que para ser de izquierdas tiene una que llevar rastas y la camiseta rota, o que para ser bien recibido en Génova tienes que llevar mocasín, últimamente he observado la tendencia a identificar mujer femenina con rudeza, grosería y, si me permiten, masculinidad.
Me parece estupendo que cada cual tenga la libertad para decidir si quiere maquillarse, depilarse las axilas, ponerse tacones o cruzar las piernas al sentarse; defiendo con absoluto fervor la no discriminación ni la burla o el desprecio de aquellas mujeres que optan por no ponerse un vestido, pero de igual forma, quiero que hagan lo propio si tengo a bien lucir piernas sin un solo pelo (no por ellos, por mí).
Hoy en día una se siente incómoda reivindicando la feminidad a un sector del feminismo que se siente amenazado por las propias mujeres. La feminidad, algo que en general las mujeres llevan consigo, reúne una energía propia, una sensualidad, una belleza y una sensibilidad distinta necesariamente a la de los hombres, y no por ello machista.
Soy feminista y quiero poder vivir el feminismo a mi manera y no ser cuestionada por ello. No caigamos en la trampa; la lucha no es entre nosotras.
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