¿Cometió un error la paloma?
No cabe duda que el actual ocupante de la silla de San Pedro, el argentino Jorge Mario Bergoglio, que desde el 13 de marzo de 2013 ejerce como Papa, bajo el nombre de Francisco, se le acumulan los problemas derivados de sus propios errores y, por ende, está sufriendo una galopante crisis de confianza, tanto por parte de los católicos como de aquellos otros que no profesando esa fe siempre habían visto en el Sumo Pontífice una figura respetable. Su errática trayectoria lleva a pensar que, en este caso, el Espíritu Santo, presunta fuente de inspiración de los participantes en el Cónclave para elegir al sucesor de San Pedro, ha cometido un error de bulto. El reciente nombramiento del expárroco de Jafre Joan Planellas como arzobispo de Tarragona no es más que el último desatino, entre otros muchos, que vienen jalonando su poco edificante recorrido como Jefe Supremo de la Iglesia católica. Que una persona como Planellas, independentista convicto y confeso, abiertamente separatista y firme defensor de la pretendida república catalana, que colgó la "estelada" en el campanario de su iglesia y acusó al dramaturgo Albert Boadella de quejarse "porque no le gustaba la polémica", poniendo a este y a su esposa en el ojo del huracán de las críticas de sus vecinos, correligionarios del susodicho, hasta el punto de hacerles la vida imposible, haya sido elevado a la prelatura es un insulto, o al menos un desprecio, a todos los catalanes no independentistas, sean o no católicos, y, por extensión, a todos los ciudadanos españoles.
Bergoglio, que en base a los hechos parece haber venido a hacer bueno el viejo proverbio latino que reza: "Homo sum, humani hihil a me alienum puto", lo que viene a manifestar que no es precisamente la inspiración divina la que ha estado presidiendo sus actos, no está haciendo más que confirmar la decadencia que, desde hace ya bastante tiempo, viene experimentando la Iglesia que preside. Desde sus fallidas visitas pastorales al extranjero, en las que, en la mayoría de los casos, fue recibido con mucha más frialdad de la que esperaba, particularmente la que realizó a Chile, en enero de 2018, la peor de todas, sin duda, donde encontró un ambiente hostil plenamente justificado por la incomprensible defensa del polémico obispo Juan Barros, quien formaba parte del entramado de casos de pederastia y abusos sexuales que tenían su centro en el sacerdote Fernando Karadima, pasando por la extravagante ocurrencia de casar a una pareja en un avión; el desprecio al V centenario de Santa Teresa de Jesús; la polémica suscitada por el feo e incomprensible mal gesto de retirar la mano bruscamente en una ceremonia de recepción en el Vaticano a los fieles que intentaban besar el anillo del Pescador, hasta la controvertida entrevista que concedió al polémico periodista Jordi Évole para el programa de TV "Salvados", con declaraciones totalmente fuera de contexto, y sus posados fotográficos con la mejor sonrisa al lado de sanguinarios dictadores y repugnantes populistas, por mencionar algunas de sus peripecias, entre las muchas que podrían citarse, no ha hecho más que acumular méritos para minar, día a día, su popularidad.
Puestas así las cosas, no es extraño que en la última encuesta de la CNN-SSRS (sep. 2018), que mide la imagen del Pontífice, muestra que sólo un 48% tiene una imagen favorable del Papa Francisco, mientras que, en la misma encuesta, en enero de 2017, los resultados arrojaban un 66%. Si contásemos únicamente a los católicos, las cifras anteriores se situarían en el 63 y 83%, respectivamente. Cifras que indican un descenso preocupante, para el Vaticano, claro. Otra reciente encuesta realizada por una cadena de radio española para valorar el pontificado de Bergoglio tampoco cosechó resultados favorables para el Papa: Excelente, 3%; Bueno, 8%; Malo, 24%, y Pésimo, 65%. ¡Sin conmiseración! A ver si, al final, se va a cumplir la profecía de San Malaquías, que apunta a que este Papa será el del Apocalipsis, aunque no se concrete como el final catastrófico del mundo, tal como lo concebía el santo. Por si acaso, estaremos al tanto.
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