El "bien común" mal entendido en la sanidad
La verdad es que los programas de los partidos políticos que se presentaron a las elecciones generales del 28 de abril, con independencia de temas económicos, no presentaban, con salvedades de carácter genérico, referencias a las competencias de las comunidades autónomas, a la evolución y futuro de las mismas. Por tanto, no ha de extrañar que quedaran huérfanas de atención las relativas a la sanidad.
Sin pretender más que ofrecer una muestra de las consecuencias del desarrollo de la materia sanitaria a partir del proceso de transferencias de la sanidad a todas las comunidades autónomas, quiero comentar simplemente dos noticias, recogidas en este diario, LA NUEVA ESPAÑA, relativas a la atención sanitaria y referidas ambas a Asturias para sugerir una reflexión al lector en esta materia.
La primera (LNE 29/4) que venía titulada "Voto al que me dé mi medicina ", recoge la petición de un niño, que padece fibrosis quística reclamando la dispensación del Orkambi. La segunda (LNE 2 de mayo), encabezada "Asturias y el Noroeste, excluidos del mapa de nuevas terapias para el cáncer".
Como bien dice el periodista que realiza la entrevista en la primera de aquéllas: "Cosas del estado de las autonomías", pues aunque en Canarias ya se está suministrando tal fármaco, la ministra de sanidad (con minúscula) alega elevado coste (¡será por dinero para el PSOE!) para su inclusión en la financiación farmacéutica pública (lo que es cierto en valores economicistas a corto plazo, pero no atendiendo a coste real, al evitar ingresos y gastos hospitalarios). Y, además, con independencia de la negociación del Ministerio de Sanidad con el laboratorio Vertex, en otros países europeos entre los que se incluye Grecia, por ejemplo, ya está regulada su incorporación al sistema sanitario estatal.
Cosas del Estado de las autonomías, y de nuestra ley electoral, añado yo, puesto que la segunda de las noticias nos muestra que los tratamientos CAR-T para leucemias y linfomas serán aplicados (léase financiados) dentro del sistema nacional de salud por once hospitales en toda España y ¡oh, casualidad!, seis de ellos en Cataluña. Yo me pregunto con ingenuidad, ¿ningún hospital o por mejor decir, los profesionales ad hoc de los mismos, del norte de España, Valdecilla en Santander, el Huca en Oviedo o Cabueñes en Gijón, Juan Canalejo en La Coruña... estarán capacitados y dispuestos para llevar a cabo dichos tratamientos? Sí, ya sé que tampoco está el Hospital de Cruces (Bilbao), pero tienen menos escaños... ¡Ah, no, no, no, es que, lamentablemente la incidencia de leucemias y linfomas en Cataluña es muy superior a todo el resto de población del norte de España, ¡claro!, esa debe de ser la convincente explicación de tal acumulación "territorial".
Por consiguiente, señores lectores, aunque tengan ustedes un(a) ministro(a) de sanidad en el Gobierno de España, si éste confunde intencionadamente el bien común con el interés propio partidista e incluso personal de quien lo encabeza; si para ello trata de encubrir tanto sus limitadas competencias como sus tendenciosos criterios con datos parcialmente elaborados y exhibidos, no queda más recurso dialéctico que esforzarse por mostrar la verdad de la situación en que nos encontramos actualmente en España para tratar de lograr, a tiempo, que las personas de buena fe comprendan las consecuencias derivadas de confiar el poder a quien no está capacitado para ello.
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