Central térmica del Narcea
Se ha celebrado nuevamente la Feria de Muestras de Tineo. La XXXI, ahí es nada. Gran feria y gran gente la tinetense. Muchas conversaciones pivotaban en torno al cierre de la central térmica del Narcea, incluso una gran pancarta. Este es un asunto triste, no por sentimentalismos o nostalgias de un pasado imposible hoy. Pero sí, es penoso cuando se habla de pobreza territorial. Y es triste -repito- e inaceptable en principio, porque con lo que nos han contado se evidencia que no se han hecho los estudios rigurosos, económicos, técnicos ni científicos necesarios para determinar el cierre acelerado, sin alternativa y sin oposición, de esta instalación. Por supuesto, con un debate independiente y objetivo tampoco.
Antes hay que dejar claro que don Francisco Reynés (Naturgy) lleva razón con la decisión del cierre, pero lleva razón a partir de los datos que le han dado: ... inversiones necesarias, derechos de emisión crecientes, GEI, fiscalidad elevada, supresión de ingresos, etcétera. Además, no se incluyen en el relato los costes propios de la estructura Naturgy.
Pero sigue siendo incomprensible e inaceptable -también en principio- que se convierta en chatarra unas infraestructuras como las existentes en ese espacio, que se destruya la red de evacuación de energía ya existente, que se pierda la disponibilidad del recurso hídrico para cualquier alternativa, etcétera. Y si lo anterior es inaceptable, es necesario considerar la pérdida de los buenos profesionales que trabajan en estas centrales (no todo es recolocación). Y más, convertir el suroccidente asturiano en un espacio sin actividad económica potente, sin una industrialización sostenible. (El posible desmantelamiento de la red de evacuación es gravísimo).
Y sigue sin ser comprensible ni aceptable el desmantelamiento anunciado, porque en esa instalación tenemos los elementos necesarios para una industria moderna 4.0 y potente: vapor, calor, electricidad, agua y CO2. Y estos cinco elementos, además de los recursos humanos, son imprescindibles para muchas actividades industriales con alto valor añadido.
Y todo lo anterior, dejando claro que se debe estar a favor de la transición energética y la descarbonización; que se debe estar a favor de la no emisión de CO2; que se debe estar en posiciones favorables ecológicas. Pero transiciones y posiciones deben estar sujetas por obviedades o evidencias científicas, técnicas y económicas.
Pero el futuro presenta dudas: a saber, mucho parque eólico, bien; inmensa planta termosolar, bien. Y esa energía generada (cuando haya viento adecuado y sol) la vamos a transportar por líneas eléctricas hoy inexistentes y de muy difícil gestión administrativa y medioambiental; además, la actual tecnología de almacenamiento (baterías) no está suficientemente desarrollada. Las mejores baterías, hoy, son los embalses.
Un ejemplo real para situarnos en el complejo negocio eléctrico, el pasado martes día 7, en el ese mercado liberalizado de la electricidad, se pagó el megavatio hora a 10.000 euros, lo normal son cincuenta euros, y todo por el fallo de una central térmica y un error en la programación. No había suficiente viento y era de noche.
Alguien se compromete a garantizar que un mercado internacional tan frágil como el del gas, más voluble que el del carbón, puede garantizar la energía de base y respaldo que van a ofrecer los ciclos combinados a precios razonables.
Como la transición energética supone invertir más de doscientos mil millones de euros y la rentabilidad esperada por los inversores (si los hay) no es desdeñable, nadie se cree que antes de 2030 -fecha prevista de cierre de la última central térmica- se habrán comprometido las inversiones e infraestructuras necesarias para que tengamos una garantía y calidad de transporte, distribución y suministro energético nacional como ahora, con precios homogéneos para toda España (salvo el autoconsumo). Ya la Agencia Internacional de la Energía denuncia un importante retraso, a nivel mundial en la renovación de la generación tradicional por una generación descarbonizada.
Y ahora, como siempre, propuestas: A) Reunir a expertos externos. B) Estudiar la posible extensión de la vida del Grupo III de la Central hasta la fecha límite de 2030. C) Comprometer la extensión de vida con la captura y reutilización del CO2. D) Convertir las instalaciones del GII y I en una biorrefinería, para la obtención de comida, sustancias químicas y biocombustibles de segunda generación.
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