Arco iris, tanatorio y algo más
“Serás feliz cuando pases debajo del arco iris”. Así me despidió un labrador segoviano mientras hacía trillos. Los siete colores sobre los bancos de la Escandalera recordaron el consejo. Pero, ingenuo, la transformación de Oviedo exaltada por el tripartito en llamativa publicidad era otra felicidad.
La edil motor, según parece, del bien avenido grupo, resumió hace tiempo lo hecho, deshecho y por hacer bajo el título “Tres años recuperando Oviedo” (LNE 26-7-18, pág. 9), que, por sabido, aplaudido y de fácil localización en internet, no desmenuzo. Recupero el final, estrella de una legislatura que tiene en vilo a los ovetenses. “Trabajamos, escribía (cuidado con el pasmo, que “emoción desbordada, salud quebrada”), en la mayor transformación urbana del país, con el bulevar de Santullano (...) para mejorar la movilidad, la calidad de vida y ser un referente en urbanismo sostenible”. Impresionante. Si El Escorial inmortalizó a un Rey, igual suerte deparará el bulevar al tripartito, si se logra.
La proclama dejó a Santu Juliano (Santullano) “pensatible, plasmau, silenciosu / como ‘l pitu a la vista del raposu...” (T. Cuesta). Desde Alfonso II a Gabino I vivió sin mayores sobresaltos, salvo cuando dañó su tranquilidad aquella “barbarie político-laboral” (octubre 34) que asoló Oviedo, incluida Cámara Santa (y el instigador cuenta aquí con calle y plaza en fachada). Medita ahora que el genial proyecto se complementa con un lago. ¿Y después... quillas?, tiembla. El viento del este, generado en la factoría comunista, ronda por aquí. Penetra embaucador, arrasa y se va dejando quiebra. ¿Fallo técnico? Aherrojaron libertades y prescindieron del alma, de Dios, cuya existencia niegan pero les aterra el freno religioso, contradictorio argumento, estorbo señalado con diana en sus planes. Obedientes a la voz efímera de la taberna, asolarán, ejecutarán, pero la raíz siempre revivirá obediente a la voz eterna de Dios. Santo Juliano confía en ver terminado el bulevar.
La idea estrella del tripartito dejó desubicado al gabinismo. Sus obras, materiales y sociales, imposibles de enunciar en una sola bobina de papel de este diario, las fulmina una sola palabra en una cuartilla. Bulevar (¿y por qué no bulevara y la placea algún bable? La “llingua” la necesita. Bienvenido sea el bulevar y cuanto a la posteridad deja la “chispa” del armonioso tripartito, como el acicalamiento de la losa de Renfe, trocando fuente por farola “geriátrica”, con el deseo de que no “ilumine” a la trova, como la de Tazones. Por cierto, en la losa falta la estatua de “Perseo”, ¿purga de memoria histórica?
Pero no salgamos de la Escandalera. El arco iris de mi labrador entiba el cielo y el del tripartito no despega del suelo sujeto por significativas letras: LGTBIQ. Luego, ni ingenuidad, ni publicidad, los bancos coloreados son el homenaje de Oviedo, ¿todo Oviedo?, a la coyunda carnal innatural, legalizada a la vez que detestada por sensibilidades que juzgan al juzgador: “misma causa, iguales leyes y opinan distinto dos jueces”. Esta degradación, descrita por S. Pablo en memorable carta (como todas las suyas, poco divulgadas) a sus fieles de Roma (Rm. 1-18) para perseverar en la vida digna, uno la identifica con la desaparición de civilizaciones, hijas de las armas, el comercio, las letras..., y al llegar al cenit de la prosperidad abrazaron la molicie haciendo del hábito viciado necesidad. Que no sea la plaza de la Escandalera simbólico tanatorio donde se incinere la nuestra.
Estos trazos nos ponen a la puerta de las elecciones municipales y a modo de modesta epístola moral me atrevo a resaltar que el Ayuntamiento: corazón, tensiómetro, fiel y cabeza tractora que desbroza, abre caminos y pone en suerte trabajos en el concejo, es, tal vez, la más importante y variada empresa de Oviedo. Según el color del voto, el votante quedará en manos de quien no sabe lo que es una empresa o de quien conoce lo que “vale un peine” por idear, trabajar, ahorrar, arriesgar y crear empleo. El primero cumplirá su programa dejando la máquina en el garaje y diseñando ONGs, madres de subvenciones con pretensión de igualar la sociedad, finalizando en fracaso y con la “vaca escosa” por falta de alimento. El segundo, sí que explotará la máquina con obras que devengarán, además de alegría, jornales, competitividad y éxito, cuyo principal beneficiado, en grado máximo, será el pobre “de verdad”, no el “pobre profesional”.
Dicho esto, cualquiera sea la tendencia del elegido, no perderá horas y quejas justificando empeño en lo que no se tiene hoy (hospital, La Vega...) y será su afán hacer productivo de inmediato lo que se tiene (Asturcón, plaza de toros, Calatrava, potencial religioso cimiento de esta ciudad (Santiago tributario de El Salvador, evalúese su valía para Galicia), anillo rural de Oviedo, mina de viviendas unifamiliares y espanto de fauna invasora...). Y no pierda la calidad de la ciudad, que la cultura se compra o alcanza con facilidad, la educación (respeto, orden, prudencia...) se mana y este apartado, íntimo por familiar, está necesitado de ejemplo desde la altura. La b y la v, de grafía distinta, engañan al igualar el sonido: votar y botar. Escoja el elector la adecuada consonante en beneficio del progreso y convivencia. A lo mejor logramos traspasar el arco iris de mi amigo segoviano y labrador.
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