¿Quién quiere ser millonario?
¡Se me revuelve el estómago! Esto es lo que siento cuando aparece Carlos Sobera anunciando las apuestas deportivas. Sobera, el carismático presentador que nos cautivó con ese levantamiento de ceja en ¿Quién quiere ser millonario?, y que pasó a formar parte de la familia por su manera de ser tan cercana y divertida. Nos ha decepcionado totalmente.
En un país en el que más de 800.000 jugadores se conectan cada mes a las apuestas online y en el que hay familias que están arruinándose por culpa de esta nueva adicción, hay que tener muy pocos valores para ponerse delante de una cámara y animar a la audiencia a apostar, vendiendo esto cómo símbolo de buena vida y la diversión asegurada.
Los que están cautivando esta vez son las casas de apuestas deportivas, a las que parece que les vale todo. A través de publicidad agresiva y engañosa está llegando nuestros hogares, en horario infantil y sin ningún tipo de control con un resultado alarmante: un crecimiento de un 30% anual de jugadores y un 14% de los jóvenes de entre 16 y 17 años apostando online.
Estoy segura de que muchísimas marcas de otros productos estarían encantados de que Sobera fuera su imagen. En cambio, junto a él, deportistas famosos, periodistas deportivos y actores de renombre se lucran día a día, siendo la imagen de estas casas de apuestas. Al final ellos deciden. Pero eso sí, tengan en cuenta señores que nuestras decisiones hablan de nosotros, ahora ya sabemos quién quiere ser millonario. A cualquier precio.
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