La fuente de la Facienda y el latín
En toda época del año, y especialmente en el caluroso verano, después de una jornada de hierba, el mejor remedio para combatir la sed y el cansancio era el agua de la fuente de la Facienda, cercana a casa. Ahora que hay cata de aguas en los restaurantes de nivel, seguro que haría la competencia al agua Groenlandia, Terranova, Islandia… Hubo un tiempo que algún empresario pensó en su comercialización. Tenía y tiene en la jarra un color y una vistosidad que la hacía y la hace única. Ningún vino competía con ella -en casa en verano se consumía menos vino- pero últimamente nos juega alguna mala pasada, y es que desde hace algunos años hay veranos que se seca. Lo nunca visto. Los sabios del lugar lo achacan a las obras de la “Y” de Bimenes, que ha perdido o alterado el curso del manantial. Lo cierto es que se seca y es una lástima. Cuando uno llegaba agotado, sudoroso, exhausto, con solo ver cómo se perlaba el agua de la jarra, cómo se humedecía, uno ya se refrescaba y bebido su líquido elemento recobraba sus fuerzas. Ni que decir que sería justo y útil recuperarla, descubrir su fuga, su avería.
Este problema me lleva a otro y me traslada a la cantidad de tecnicismos extranjeros que invaden nuestra lengua, especialmente de origen inglés, que circulan innecesariamente por nuestro idioma, sin necesidad, ya que son giros o expresiones que también existen en castellano, así por poner un ejemplo en vez del anglicismo “fake news” podemos decir mentira, difamación, calumnia... Desconozco los motivos o fobias que llevan a nuestros periodistas a despreciar el castellano más que el inglés, y eso que nuestro idioma comunica con casi 600 millones de personas y que EE UU tiene casi tantos hablantes castellanos como nosotros, concretamente más de cuarenta y dos millones, e incluso he detectado que algunos bablistas prefieren el inglés al castellano, y no reparan en usarlo siempre que se tercie la ocasión, para aportar ese barniz progresista que les inmunice y avale.
Lo que es evidente es que si secan los manantiales, las fuentes desaparecen y esta reflexión trasladada al campo lingüístico me dice que si no cuidamos el latín -hoy en franco retroceso-, manantial de nuestro idioma, las lenguas que de él derivan se estancan, se secan, mueren, y eso es lo que está pasando en las aulas españolas. El latín a cuentagotas y para justificarnos decimos que es una lengua muerta o a lo más de la Iglesia. Las expresiones latinas que se mezclaban con el castellano en nuestras exposiciones y trabajos han dejado de usarse, y es que nuestros jóvenes las desconocen y desprecian, y cuando las usan, se equivocan.
Creo que ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre, y si estudiamos inglés para abrir puertas y posibilidades al futuro, no tenemos por qué cerrarlas al castellano, cuando nos facilita el acceso a muchas personas, casi 600 millones de personas, y esto traducido en euros supone mucho dinero, y es que supongo que un catalán cuando busca clientes en Méjico utilizará castellano y no su lengua vernácula. Creo que después del uso político que se ha hecho y se hace de las lenguas, quizá sea el momento de afianzarlas y esto pasa por el reforzamiento del latín –de lo que hoy no se habla y menos se enseña-, manantial de todas ellas, por muy de moda la novela histórica de ambientación romana y que el último premio "Planeta" se titule “Yo, Julia”.
Hechas estas aclaraciones, hoy me ha sorprendido un anuncio que se publicita en los periódicos para comprar un traductor instantáneo que te permitirá comunicarte en más de 40 idiomas, algo que considero muy necesario, pues nuestra capacidad de memoria lingüística está agotada o en vías de estarlo. Tenemos que añadirle más memoria RAM, y es que no es lo mismo hablar y usar un idioma a nivel comercial que a nivel cultural.
En conclusión, no estaría de más que se protegieran nuestros manantiales, y es que un pueblo sin agua y sin latín no tiene futuro. Por eso los pueblos antiguos y nómadas se asentaban a la orilla de los ríos y aprendían el latín como señal de integración y progreso.
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