El machismo: un problema de todos
Aunque muchos pasos adelante se han dado durante el último siglo, el machismo es una lacra que desde siempre afecta a todos los aspectos de nuestra sociedad, reflejándose en las normas sociales, en la lengua y hasta en la ley. De hecho, las actidudes machistas están arraigadas en nuestra mentalidad y en muchos casos no es fácil identificar sus síntomas, porque nos parecen cosas normales.
El machismo es un fenómeno que atañe a cada uno de nosotros, hombres y mujeres, tanto como víctimas que como verdugos. Siempre se habla de los hombres que con sus actitudes someten a las mujeres; sin embargo, muchas veces, son las mismas mujeres las que se someten y que quieren seguir sometidas. Peor aún es el hecho de que haya mujeres que hacen que también las demás mujeres sigan sometidas. Pero el machismo no es solo un problema femenino: también los hombres son víctimas de esta lacra. Por ejemplo, los hombres no tienen plena libertad para manifestar sus miedos, llorar o gritar por el dolor (físico y mental). Ellos están obligados a mostrar una fortaleza absoluta bajo todo punto de vista, como si ni siquiera tuvieran el derecho de presentarse como seres humanos y expresar sus sentimientos. Hay quien considera este aspecto como algo natural; sin embargo, es una actitud impuesta por la sociedad y una violencia psicológica que, en algunos casos, hasta termina en verdaderas enfermedades mentales, más o menos graves.
¿Quién tiene la culpa de todo esto? Yo no creo que alguien la tenga. Todos seguimos los modelos mentales que hemos aprendido desde niños. No lo hacemos por maldad, sino porque, muchas veces, no nos damos cuenta de ciertas actidudes machistas que forman parte de nuestra vida cotidiana. Pero, indudablemente, tenemos que cambiar las cosas, aunque sea poco a poco, y la única manera de hacerlo es empezando a reflexionar sobre estos temas desde todas las perspectivas y haciendo un esfuerzo para aportar los cambios necesarios. Pero tenemos que comenzar a partir de las cosas más pequeñas, porque si no erradicamos el machismo atávico en que se sustentan nuestros cimientos culturales no podremos esperar cambiar el resto.
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