Descubriendo Veranes
Con la mención en la revista “National Geographic” vuelve a la actualidad el yacimiento de Veranes (parroquia de Cenero, Gijón), que sin duda es uno de los vestigios romanos más interesantes del norte de España, el cual merece siempre una visita larga y atenta, tanto para expertos en la materia como para cualquier persona interesada.
Después de hacerlo como simple aficionado, he de señalar que ha satisfecho con creces lo que me imaginaba.
El concepto expositivo y los medios empleados en su restauración han sido muy eficaces porque el conjunto ofrece un aspecto sobrio e integrado en la naturaleza que hace que la visita sea agradable y didáctica.
Nada desentona a mi juicio: ni el precio de la entrada, ni la exposición del utillaje recuperado, ni, por supuesto, la impresionante mansión romana, cuyo recorrido perimetral y la observación detallada de sus múltiples estancias, con el mosaico en el recinto cubierto principal, merecen destacarse.
Ahora viene lo más difícil para usted si pretende seguir mi consejo y “descubrir” Veranes.
Es que pueda llegar.
Dado que no existe, que yo sepa, un transporte público hasta su puerta, deberá hacerlo en su vehículo; y lo más normal es que lo haga a través de la Autovía A-II. Ningún problema: la salida está debidamente señalizada con un cartel de generosas dimensiones.
Pero, una vez que abandone la tutela del Principado, titular de la autovía, y caiga en las carreteras de propiedad municipal, todo irá mal.
Una señal de dimensiones minúsculas colocada metros más allá en un poste camuflado le dirigirá, sin más, “a la derecha” y después se abrirá ante usted un dédalo de caleyas para que decida usted por sí mismo.
Se desesperará observando cómo la cubierta del edificio del Museo aparece y desaparece en lo alto de una colina a cuyo término no acierta a llegar.
Con suerte habrá dado la vuelta más de una vez ante entradas a fincas particulares; eso si no es que se ha perdido en caminos de labor que acaban en terraplenes y hundimientos.
Toda una aventura la de estos romanos.
Por lo visto esta queja ocupa el “top” del muestreo-consulta que el propio Ayuntamiento le agradece tenga a bien rellenar en los impresos al efecto que los amables funcionarios le hacen llegar al final de la visita. Para más inri.
La razón que impide señalizar el itinerario hasta el Museo (apenas mil quinientos metros debe tener esta vía municipal) o saber cuál es el motivo que hace que se considere tan interesante mantener la maleza de los bordes de las caleyas que constituyen el acertijo como si se tratara de un bien patrimonial son preguntas que, sin duda, le amargarán la visita.
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