Un mundo para ser feliz
Érase una vez, un mundo perfecto, seres humanos con todas las condiciones para ser felices, sin embargo las cambiaron por la propuesta de un personaje engañoso: ser como Dios y decidir por si mismos lo que esta bien y lo que esta mal. ¡Cuanto daño hacen los personajes engañosos!. Dios ha dejado que se pruebe el resultado hasta el final, hasta el límite de la supervivencia amenazada por armas atómicas, guerras, terrorismo, refugiados, contaminación, hambre, crímenes, delitos, egoísmo, inmoralidad y desamor. Ya todo ha quedado demostrado; el universo funciona maravillosamente, el hombre no. El ser humano sigue sin interesarse por lo que su Creador considera que está bien o mal para él, aunque eso le permitiría funcionar tan bien como el resto de la creación, aún considerando que fue creado con libre albedrío. El libre albedrío no garantiza el acierto, significa solo la libertad de elección. Un hecho tan seguro como el de que se nos creó con la necesidad de someternos a las leyes físicas de origen divino es que se nos creó con la necesidad de someternos a las leyes morales y sociales procedentes de Dios. Los humanos no fueron creados para actuar en independencia de su Hacedor y todavía tener éxito. Pensemos entonces, en cómo debe sentirse nuestro Creador cuando ve que tanta gente usa mal el libre albedrío tomando decisiones que lo perjudican a sí mismo y a otros, o... manipulando el albedrío de los demás. No le demos mal uso a este maravilloso regalo de la libertad de selección y elección; démosle el valor que se merece. Quizá está llegando el momento de leer las instrucciones de uso: "Toda Escritura inspirada por Dios es provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16, 17)
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