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Un Tribunal Supremo bajo sospecha

10 de Junio del 2019 - Paco Domínguez (Avilés)

El oráculo Supremo habla con voz rancia, deslucida por lo que parece un sentimiento revanchista. Aquí no existe la eximente de la conducta del acto fallido. La causa es transparente por ser bien conocida; diríase la sinrazón del vestigio ideológico tradicionalista expresado con artificio reglamentario. Aparenta no haber barreras, no existir el estorbo del disimulo; que todo vale, que el paso del tiempo no apacigua el rencor visceral, asentado en cierto sector funcionarial, hacia la desvaída Transición: un viaje con destino democrático que para algunos sigue anclado en la vía muerta del viejo régimen fanático. Sólo el poder que da el saberse intocable, protegido por la institución, permite elevar la ignorancia a grado de argumento jurídico. Para la filosofía taoísta todo responde a la ley de la causa y el efecto: el origen ultraconservador de cierta judicatura produce conclusiones reaccionarias. No hay bien sin mal ni justicia sin reproche, pero el despotismo no puede sobrevivir indefinidamente al Estado de derecho. Aunque cueste soltar ese lastre que nos atenaza, es cuestión de tiempo, de regeneración institucional y método selectivo. Todo pasa y todo llega. Con sufrimiento y vergüenza pero sobrados de esperanza.

Desde aquel cautivo y desarmado ejército rojo hasta este Supremo que paraliza la exhumación de los restos momificados de Franco, pasó la friolera de ochenta años. Ya no existe ejército rojo pero continúa vigente un Supremo azul, protector de la familia Franco contra los intereses legítimos de una sociedad que no puede permitir más indignidad. La excelencia defensora de ciertos derechos individuales debiera ser correspondida con la diligencia indagadora sobre los orígenes patrimoniales de los herederos del dictador. Claro que la situación de sospecha nunca va a ser esclarecida por el mandato político. No lo fue por la gauche champán de Felipe González y mucho menos por la droite propagandiste de José María Aznar. Esta parte no sustanciada de la Transición será una más de las vergüenzas históricas de la España de toros, peineta para mantilla y devocionario.

El nacionalismo catalán ya tiene otro argumento más que exportar, en beneficio propio, para sustentar el enredo en Europa y más allá. Las diferencias de criterio, en términos enfrentados, entre el Supremo y Juezas y Jueces para la Democracia dan munición gratuita a las tesis soberanistas sobre la falta de rigor del máximo órgano jurisdiccional español. Esperemos que Marchena, por el bien de España, imparta justicia sin riesgo de contestación internacional.

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