Hemos criado mal y educado peor aún
No sé si les ocurre a ustedes, pero a medida que voy cumpliendo años, echando una simple ojeada a la película de mi vida y de mis contemporáneos (sin nostalgia, ya que huyo de ella para todo), siento que hemos cumplido con creces todos los coetáneos en el papel que nos correspondía para sacar España del atraso de 40 años de dictadura. Solo fallamos en no saber dejar nuestro legado en buenas manos, el saber educar en esfuerzo y capacidad de emprender, sobre todo el no saber transferir nuestra solidaridad y nuestra palabra dada. Ustedes no ven ahora con qué facilidad se usan eufemismos para escaquearse de la responsabilidad, el "donde dije digo, ahora digo Diego" es tan común que uno siente vergüenza ajena cuando se acude a la hemeroteca de estos políticos sin palabra, sin personalidad y sin valentía.
Nacimos y nos criamos en una España deprimida, reprimida, carencial, atrasada, estancada, oprimida... tales eran las necesidades que no sé cómo fuimos capaces de sobrevivir, avanzar y darle un cambio a todo con la magnitud que lo conseguimos.
Las carencias no solo eran materiales y corporales; nuestra mente estaba reducida y atascada por la pésima educación y donde todo era pecado y prohibición. Así es que, cuando pudimos salir de esa cárcel profunda y espiritual, dimos rienda suelta a nuestra imaginación, poco más podíamos hacer, ya que, como dije, estábamos privados de todo apoyo económico y de la ayuda básica para emprender positivamente de la manera que lo logramos. Supimos salir de ese cerco oprimido (mental y de tamaña escasez y miseria) exigiendo y dando a partes iguales.
Creo que ninguna generación como la nuestra superó los obstáculos y avanzó de la manera que supimos hacerlo nosotros. Es cierto que hemos cometido un gran error, malcriar a nuestros hijos, quisimos darles todo lo que nosotros no hemos tenido, les hicimos la vida fácil y ahora el mundo a pesar de cómo se lo dejamos, de las nuevas tecnologías y todas las facilidades para prepararse y emprender, camina para atrás: todo es imposible, todo es inconveniente, todo se ve en negativo y nada tiene solución para estos acomodados.
Supimos darle la vuelta a todo, emprender con efectividad, sin resignarnos, logramos dignidad en el trabajo, derechos y libertades para todos. Incluso, aunque ahora está de moda, jamás la mujer conquistó tanta igualdad de oportunidades con respecto a los hombres como la que logró por aquella con nuestro apoyo sin fisuras, con la capacidad que demostramos los machistas y modernos antiguos. Sin embargo, esa dejadez en la educación, el refalfiu (hastío causado por la abundancia) acumulado de nuestros retoños nos está pasando factura, ahora lo están pagando empresarios, trabajadores, funcionarios, autónomos, mujeres, ancianos, trabajadores, dependientes, pensionistas... donde todo parece inalcanzable, imposible y sin solución. Donde se sustentan los contratos y los salarios en una precariedad que roza la aceptación de la miseria como norma a seguir. Donde intentan bajar las pensiones porque dicen que son imposibles de sostener. Lo que es imposible de sostener son unas generaciones basadas en la comodidad, en la incapacidad para dar salida a los problemas, solo saben quedar atascados en los obstáculos, incapaces de sortear cualquier dificultad; simplemente se recrean en ellos, en sus limitaciones para todo, conformándose con repartir miseria en vez de crear riqueza. Antes, el esfuerzo y la lucha para exigir derechos y libertades eran compartidos, ahora prima la competitividad, donde nos pelearemos entre el barro por ver quién baja más los salarios, quién precariza más el empleo y quien explota mejor a sus trabajadores para sacar al mercado el producto con más bajo precio. La ruina está servida por nosotros mismos.
Miren cómo están dejando nuestra Sanidad y Educación pública, las listas de espera son de verdadero escándalo; el futuro de las pensiones está tan en el aire como los salarios decentes. Las comodidades se alían con las ineptitudes y conforman un futuro de retroceso en todo. Donde la insolidaridad, el arribismo y el egoísmo frenan el avance de cualquier país que se precie. No hay garantía en nada, la inseguridad ciudadana es cada vez más latente, las manadas se ponen de moda, los energúmenos están que la gozan, no hay respeto por nuestros mayores, tampoco por las mujeres y los dependientes, la corruptela supera los límites del consentimiento, las residencias de ancianos parecen cementerios vivientes sin control de calidad y humanidad en nada. Todo se retrae, nada se controla con la periodicidad adecuada para evitar abusos y fraudes.
No es que me sienta defraudado, es que presiento que ustedes (los jóvenes) no tienen la culpa, fuimos nosotros los que levantamos todo, y con mala educación y mucho consentimiento ahora lo destruimos con vuestras manos y vuestra mentalidad individualista y prepotente donde prima la opulencia y el egoísmo personal.
No se pueden exigir y rifar cuotas, cremalleras y paridades cuando se trata de colocar a los mejores en puestos de responsabilidad. Si todas son mujeres o todos hombres, ese será nuestro legado, los mejores son los que deben estar sin designarlos por "chimba o minga dominga". Pero qué se le va hacer, entre innecesarios es mejor que se repartan proporcionalmente su cosecha: miseria y el fracaso. La culpa es nuestra, nuestro fracaso.
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