El río que nos acompaña...
... A su paso por Langreo nos ha dejado después de la riada del mes de enero restos de desidia y olvido. Un olvido, probablemente originado por el lento proceder de la burocracia administrativa, pero no por ello doloroso y triste.
Los que habitualmente disfrutamos del paseo de la orilla del río Nalón a su paso por Sama podemos observar el estado de abandono de este espacio de esparcimiento y desahogo visual. Este lugar quizá represente uno de los pocos donde puedes imaginar que no te encuentras en un valle deteriorado por los restos industriales y el antiurbanismo del siglo pasado. Resulta agradable ver a la gente correr por la pista de “runing” de la plataforma lateral del río, ver la hierba cortada por los árboles del cauce en armonía, ver a la gente joven disfrutar del “prau” con sentadas viendo la vida pasar. Todo esto combinado con las instalaciones deportivas de Los Llerones da como resultado un espacio de natural aprovechamiento de los pocos recursos vivos que nos quedan en Sama. Ahora estas circunstancias han desaparecido y este espacio natural se ha transformado en una zona con una pradera salvaje y descuidada, como antaño. Lo único que queda en él es destrucción y abandono. ¡Resulta hasta angustioso pasear por Los Llerones!
También las instalaciones del polideportivo Juan Carlos Beiro sufrieron las consecuencias de la riada. La pista de parquet se levantó completamente echando a perder todas las actividades que en él se desarrollaban, fútbol, patinaje, tiro con arco, etcétera. A día de hoy sigue presentando el mismo calamitoso estado que pudimos ver después de la inundación de todas las instalaciones. Tengo la sensación de que caminamos hacia atrás y somos demasiado vulnerables a los caprichos de la naturaleza. El río que nos acompaña y forma parte de nuestras vidas nos está matando.
José Alberto González González
Oviedo
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