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Una pequeña historia

12 de Junio del 2019 - Pilar Díaz (Lugones)

Cuando era niña tuve un accidente en los caballitos, tendría 7 años más o menos, me caí del vaivén, tuve una fractura craneal, eso pasó y lo olvidé. Con 42 años me diagnosticaron un parkinson de inicio temprano (el pasado siempre vuelve). El médico que me atendió del parkinson, pésimo, muy mayor, se retiraba el último mes que me atendió, me recetó una medicación para un caballo, yo perdí el control de mi vida, tenía impulsos que no controlaba.

Esto le ha pasado a más gente con esta enfermedad. Luego te enteras de todo lo que hay detrás de los medicamentos contra el parkinson. Son dopaminantes. Una bomba si no te recetan bien.

Escribí una carta que puse en internet para que todos la vieran. La carta tenía lo suyo, prepotente y cabreada, sí... así soy yo, prepotente y con mucho carácter. La gente lo tomó a cachondeo, estaba francamente mal, hubo gente que se aprovechó de mi situación. Después de mil vueltas le escribí al Defensor del Pueblo. Lo único que me quedaba, me atendieron muy bien, pero tenía que ir a denunciar donde trabajaba el médico, al hospital. Yo sola poner una denuncia a un hospital, buf... Qué fuerte, dije dónde me estoy metiendo y de la manera que estaba, porque si te cortan un brazo, o una pierna erróneamente se ve, pero yo hice el ridículo por esa medicación, no me faltaba ni un brazo ni una pierna, solo fue el ridículo, sufrimiento, incertidumbre y penuria, durante 3 largos años, creí que al ser una cosa que a todo el mundo le puede pasar me apoyaría la gente psicológicamente. Además es bueno decirlo cuando se producen estas negligencias. Está bien que te apoye la gente, ¿verdad? Pero no fue así... Todo lo contrario, todo se volvió en contra de mí,

yo no sabía lo que hacía, ni lo que decía, supe lo que era perder el juicio, porque lo perdí totalmente, y es un drama cuando una persona que jamás le ha hecho nada a nadie de repente te encuentres con tantos enemigos. Cuando puse la carta en internet hubo gente que salió a criticarla y por muy mal que estaba la memoria no la perdí, me acuerdo perfectamente. También hubo gente, personas mejor dicho, pocas pero buenas y eso es lo que importa por lo menos a mí. Si no se retira, ahora mismo no lo cuento, a cualquiera le puede pasar lo que me paso a mí, no le deseo mal a nadie, pero una semanina como yo estuve tres años no estaría mal la verdad en este mundo para todos.

Un abogado me preguntó: ¿y qué es lo que pides a ese médico? Y yo le dije yo no quiero dinero, quiero que me pida perdón, por el daño que me hizo, y me dijo imposible lo que pides, nunca te pedirá perdón. Nunca me vi en esta situación, no sabía qué decir, eso es daño moral por un tratamiento mal recetado y eso se denuncia, tengo que decir que de la manera que estaba lo intenté todo porque soy una luchadora y siempre he sido muy valiente pero de nada me valió y, claro, el tiempo pasa y ya no se podía hacer nada, además esto terminaba conmigo, así que me dediqué a olvidarlo, a intentar olvidarlo y vivir, que no es poco.

Luego me tocó otro médico, una mujer, cuando vio cómo estaba me quitó parte de esa medicación y me recetó otra, se preocupó mucho por mí, le cogí un cariño tremendo. Yo sí le comenté todo lo que me pasó con el otro médico, nunca dijo nada. Tardé en recuperarme, le doy las gracias desde aquí, pero me recuperé, y me di cuenta de toda la mala gente que tenía alrededor. Sigo siendo la misma de siempre, simpática y alegre y con mucho carácter. Desde aquí digo que mi manera de ser me perjudicó bastante. A estos sitios hay que ir llorando y yo no soy de llorar. Es muy difícil comprender que por la forma de ser una persona pierda credibilidad, es lo mismo una persona seria que una persona que no lo sea. Me he reído toda la vida y pienso seguir haciéndolo, con una gran diferencia, que yo me río con la gente, no de la gente.

De esto, pues, te queda una cicatriz muy grande en el alma por todo lo que sufrí. No creo que el infierno sea peor. Lo más triste de todo es que un día empecé a llorar, estaba tan mal que las lágrimas me caían por la cara y no las podía limpiar y eso jamás lo podré olvidar.

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