A mi padre, José Ramón Díaz
Por si mañana me muero, dejo mi herencia a mis hijos,
No tengo nada guardado, lo que me dieron lo he dado,
Las cosas materiales van y vienen y a si de igual desaparecen,
No vale la pena creerme,
Os dejo todos mis sueños, ninguno realizado,
Pero son sueños preciosos y da pena olvidarlos,
También os dejo un corazón grande y valiente,
Nunca ha dejado de ser niño, pero ya está un poco cansado
Y un poco herido,
¡todavía late y lo siento vivo!
También os dejo, un poquito de locura, sincera, transparente,
No hay maldad ninguna en ella,
De defectos tengo, trescientos sesenta y tres,
Pero la honestidad y sinceridad, son dos de mis valores
Principales,
Esto mirar bien por ello, no lo compra el dinero.
De consejos no dejo nada, no soy yo muy buena en eso,
Siempre he pensado con el corazón
y no es muy bueno pensar solo con eso.
Por último, lo más valioso que tengo,
Mi sonrisa...
Esta usarla bien, es mágica y hace milagros,
Tomar conciencia de ese poder, está en vuestras manos
Utilizarla bien,
Un día me la quisieron quitar,
Jamás lo conseguirán ¡
No os he educado para contar dinero,
Ojo, y menos de otros
Las cosas tienen dueño
Y no se tocan, acordaros bien de eso,
Si cometisteis errores los únicos perjudicados fuisteis vosotros,
Para mi peor sería, que vuestros errores los pagan otros,
Cuidar por el patrimonio
Hijos no hay otro,
siempre hay un mañana, pero por si me equivoco deciros
que estoy muy orgullosa de vosotros,
ser buena persona, no se vende, no se compra
Os quiero, Mamá...
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