El cine sonoro y la República
Se puede decir que ambos vinieron de la mano, en el inicio de la década de los años treinta a este carpetovetónico país que hoy su clase política está llevando por equivocados y dificultosos caminos políticos, económicos y sociales. No cabe duda que el cambio del cine mudo al sonoro fue el acontecimiento de aquel siglo llamado de las luces, “problemático y guasón”, como cantara Carlos Gardel. El cine mudo, que había hecho historias con grandes y fabulosos actores, sobre todo Charles Chaplin (pasó al sonoro, pero la voz le mandó a casa, porque lo suyo eran sus gestos, su mímica, su mirada triste y sentimental, toda aquella personalidad suya creada únicamente para el cine mudo), pasó al cajón de los recuerdos.
La primera película sonora del Oeste que vimos fue el despiporre, porque aquello de oír los disparos de verdad no era para menos. Y mira que hubo tiros en ella, entre una banda de gángsters que planea atracar el banco de un lejano pueblo de Arizona y el sheriff y sus ayudantes que, naturalmente, terminan acabando con aquella banda de forajidos. La película se titulaba “Humo de pólvora”, titulación que nos demuestra cómo fue aquella lucha entre gangsters y vaqueros. Creo recordar que el jefe de los malos se llamaba Jac Holt, y el de los buenos, Richard Arlem. Que era el mocín, y puso a la película fin dando a la mocina un besín.
Otra película que se estrenó en Oviedo, en aquel gran cine que fue el Principado, se titulaba “La ley del Harén”, y era su protagonista José Mojica, un actor mexicano que conquistó Hollywood como apuesto galán y una hermosa voz. Con él compartió el estrellato de esa película musical, aquella hermosota diva que fue Jeanet Macdonal, conocida como la voz de oro de Hollywood. Aquel día el Principado volvió a vibrar de entusiasmo al escuchar tan hermosas voces y bellas canciones. Por cierto que José Mojica, sorprendentemente, abandonó la fama y el cine para ingresar en un convento de frailes franciscanos.
República y cine sonoro, dos acontecimientos que marcaron un hito en este país carpetovetónico, que en aquella tormentosa y conflictiva década de los años treinta iba a escribir y recordar el más triste y doloroso capítulo de su historia.
Ricardo Luis Arias
Aller
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

