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Sueño con un mundo mejor para las personas con distintas capacidades

15 de Junio del 2019 - Angeles Menéndez Muñiz (Las Vegas - Corvera)

Hoy no estoy inspirada, a decir verdad llevo un tiempo que no consigo centrarme, la vida pasa y hay tanto que arreglar, tantas cosas que dejar bien atadas, aun sabiendo que por mucho que ates, siempre habrá alguien dispuesto a desatar sin contemplaciones todos tus sueños y lo que había dispuesto con tanto esmero pensando en su futuro (nuestro hijo) en cuestión de segundos se habrá volatilizado.

Como no soy eterna, ojalá lo fuera, quiero imaginarme un mundo lo más confortable posible para nuestros hijos con distintas capacidades y demás personas vulnerables.

Con esa idea me voy todos los días para la cama, no consigo dormir (yo era de esas personas que dormían a pata suelta), ahora ya no duermo así, mis sueños son intermitentes, pero esta noche tuve un sueño maravilloso, os lo voy a contar.

Soñé con una casa en la que convivían personas adultas con distintas capacidades, esas personas ya no tenían padres y vivían allí bajo la supervisión de cuidadores.

Al llegar a la casa me invitaron a visitar cada instancia, para mi sorpresa vi habitaciones acogedoras y personalizadas por cada persona que allí vivía.

Cada puerta de habitación tenía una fotografía y el nombre de cada persona de la persona, yo que soy muy curiosa, fui visitando una por una y entré primero en la habitación de Laura, era muy acogedora, tenía unas estanterías con sus recuerdos familiares, fotos, una caja de música que ella cuando estaba triste abría y cerrando los ojos se dejaba llevar por los recuerdos que le traía el sonido de la caja.

Después pase a la habitación de Luis, allí predominaban los peluches, había osos, ponis, gatos, perros y estaban esperando pacientemente que el veterinario les curase sus males. Según me dijeron sus cuidadores, a Luis desde bien pequeño le gustaba jugar a que era un sanador de animales y una pequeña parte de su habitación la dedicó para consulta de sus peludos.

A continuación entré a una habitación que tenía colgados en sus paredes cuadros pintados por Mercedes, a ella desde bien pequeña le gustaba pintar y allí en su segundo hogar su afición cobraba vida y ella soltaba su imaginación pintando cuadros preciosos.

Por último, cuando me disponía a entrar en la habitación de Tono (casualidades de la vida, se llama igual que nuestro hijo), me quede escuchando el sonido de percusión que fluía por toda la casa, y me encantó verle tan feliz haciendo de la música su mejor terapia, también me fije que tenía fotos de sus padres y hasta de sus mascotas. Sus cuidadores me dijeron que Tono cuando no tenía su mejor día se refugiaba en la percusión y que a la vez que él disfrutaba hacía que los demás también lo hicieran.

Lo que más me tranquilizó fue ver que estas personas vivían felices y en un entorno muy agradable, cada uno tenía su habitación y en ella tenían todos sus recuerdos y podían disfrutar de sus cosas y lo más importante, al ser habitaciones individuales su privacidad estaba garantizada, todos tenemos derecho a nuestro espacio y a estar solos cuando lo necesitamos.

Lo malo de todo esto fue que cuando desperté me di cuenta que era solo un sueño, pero muchas veces hay que luchar por que se hagan realidad.

Lo malo es que en la realidad los que más necesitan confort, cuidados y respeto, como son entre otras las personas más vulnerables, por desgracia en la mayoría de los casos no se cumple con las expectativas y eso crea miedo e inseguridades a los padres pensando en su futuro.

Ojalá lo que yo presento como un sueño se haga realidad, porque recursos hay, solo falta voluntad y que los políticos se acuerden de ellos no solamente cuando quieren conseguir votos, ofreciendo lo que después no cumplen.

Hagamos todo lo posible, padres, madres y políticos, por conseguir un futuro mejor para tantas personas que al igual que tienen derecho a nacer también lo tienen a tener una vida digna y confortable.

No se pide nada extraordinario, son sus derechos y estos están por encima de muchos gastos superfluos y totalmente prescindibles.

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